martes, 22 de septiembre de 2015

26. El tercero en discordia: parte II

La actuación del novio de Lip empezaba a las siete de la tarde. Todos habíamos quedado a menos veinte en la puerta del teatro, pero eran menos cinco y Jon aún no había llegado.

- Igual ni viene.- dijo Lip.

- Llega tarde como siempre, solo eso. Esperemos unos minutos más, tenemos que darle su entrada.- le contestó Marta.

- ¡Tenemos que entrar ya! Óscar va a empezar y no quiero que vea que no estamos.

- Entrad vosotros. -les sugerí- Yo esperaré aquí a Jon con su entrada para que pueda pasar. De verdad, no os perocupéis, sabéis que los trucos de magia no me entusiasman en exceso... ¡Venga, entrad! Ahora vamos nosotros cuando llegue Jon.

- Sin en diez minutos no ha llegado, pasa y olvídate de él. Alguien debe darle a ese hombre una lección de puntualidad.- me dijo Lip con ese tono suyo característico de mamá enfadada.

Lo esperé casi veinte minutos, pero no apareció. Cuando el numerito del mago llevaba ya más una hora, Marta recibió un whastapp y salió. A su regreso, traía a Jon tras de sí. Lip lo fulminó con la mirada y yo lo miré como no lo había mirado nunca. Estaba muy cambiado, se había dejado la típica barba de unos días y tenía el semblante como mucho más serio. No es que hubiese tenido un cambio físico muy relevante, era más bien una especie de cambio interior que se reflejaba en cada movimiento de su cuerpo. Me dijo "hola" sin pronunciar palabra, simplemente con el movimiento de sus labios, y seguidamente se sentó justo detrás de mí. Ya no pude parar de pensar en él en todo el teatro.

- ¿Qué tal con Lucas?- me preguntó durante la inauguración.

- Bi..bien, bueno...-tragué el saladito que tenía en la boca- más bien regular.

- ¿Ah, sí? Cuenta, cuenta... Ya decía yo que qué hacías tú en casa de Marta...- intervino Lip.

- ¿Te has ido de su casa?- preguntó Jon.

- Sí, bueno, no sé, por unos días, estaré en casa de Marta para pensar y eso... Voy un momento al baño.

No tenía que ir al baño, pero acababan de revivir las mariposas de mi estómago. Estaba de lo más nerviosa, sobre todo cuando se dirigía a hablarme directamente a mí y me miraba a los ojos de esa forma tan penetrante. Por un momento nos había imaginado a los dos haciendo el amor ahí mismo como si no hubiese nadie en la sala. Tenía que irme, tenía que salir de allí. No podía pasarme esto justo ahora. Yo había estado toda mi vida queriendo estar con Lucas, lo quería, estaba loca por él, pero ahora algo no encajaba y Jon estaba ahí para colocar la pieza que faltaba.

Lo tenía decidido, iba a irme a casa con Lucas en ese mismo momento, iba a hablar con él y a intentar arreglar lo que fuera que nos pasase, pero nada más abrir la puerta Jon me estaba esperando. Me cogió por la cintura, entró en el baño y cerró el pestillo.

- Es ahora o nunca. Dime que me vaya y me voy.

Me cogió las manos, me puso contra la pared y volvió a repetirme mucho más despacio y demasiado cerca:

- Dime que me vaya y me voy.

Yo respiraba muy deprisa. Tenía que decirle que se fuera, no podía hacerle eso a Lucas, me sentía fatal, pero no quería que se fuera, no lo quería, lo quería cada vez más cerca y más cerca.

- Es la última vez. Voy a besarte. Dime que me vaya y me voy. Dímelo.

Lucas ya no estaba en mi mente. Ahora tenía la imagen de Ana Karenina vencida en los brazos Vronsky, rendida ante los besos de su amante. Ya no había marcha atrás. Ese primer beso prohibido es el beso que mejor me ha sabido en la vida. De ahí nos fuimos a su casa. Nos arrancábamos la ropa como si nos deshiciéramos del mundo, como si nos quitásemos el peso de la sociedad de encima e hicimos el amor como si fuera la primera vez para los dos.

- ¿Por qué nada en esta vida llega a tiempo? ¿Por qué siempre todo llega en mitad de algún berenjenal?- dije en voz alta a modo de pregunta retórica. 

- Nada puede llegar a tiempo porque el tiempo no existe, es una ilusión. Es una ficción hiperrealista creada por el miedo del hombre, por ese pánico innato a la incertidumbre de la atemporalidad. Lo único importante es que ahora estamos aquí, porque siempre es ahora, es ahora o nunca; todo lo demás, o dejó de existir, o todavía no existe. Por eso nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto, simplemente es ahora. La cuestión es ¿querrías estar ahora en cualquier otro sitio que no fuera este?


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