martes, 9 de junio de 2015

22. La mierda

El otro día pisé una mierda y me he quedado sin trabajo. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero me gustaría aprovechar la ocasión para desmontar esa teoría seudocientífica, fruto de la investigación milenaria popular, que acuña con vehemencia que pisar una mierda es suerte. ¿Suerte? Jaja. No. Pisar una mierda es pisar una mierda con todo lo que eso conlleva. Puedes llamarlo como quieras: hollar unas heces, conculcar un excremento, comprimir evacuaciones... y de cientos de formas más que existen para decir algo sin que lo parezca, pero siempre estarás pisando una mierda. Es algo así como cuando hablan los políticos. Seguramente un político que tiene a su pueblo pisando mierdas les diría, por ejemplo, que allanan deposiciones, que parece que suena hasta a hacer algo importante. Desde luego, una se queda asombrada de las muchas maneras que hay de decir que llevas los zapatos llenitos de mierda.

¿El trabajo? ¿Qué queréis que os diga? Me sorprende mucho más pisar una mierda que quedarme en el paro. En este país es el pan (que nos falta) de cada día. Para que la gente se entere: esta situación no es una prima de riesgo, ni una recesión, ni una época de austeridad (suena de maravilla, ¿verdad?), ni tan siquiera una crisis (la palabra más temida de los políticos); no, esta situación es una mierda. Con su 'm', su 'i', su 'e', su 'r', su 'd' y su 'a'. Vamos, una mierda con todas y cada una de sus letras.

¡Ay, señor político! Más alto ya no he de subir y esto me hace sufrir. Yo quiero ser político como tú y de la vida gozar. Como político yo quiero vivir ¡ser tan pobre me va a aburrir! ¡Oh! Dubidú, quiero ser como tú. Quiero andar como tú, hablar como tú, dubi dubi du ba du...



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