jueves, 21 de mayo de 2015

21. La sala de espera

Llevo toda la semana sin dormir. No sé qué demonios me ocurre ahora. Sí, ya sé que tengo un trabajo de mierda y he visto cajas de arena para gatos más grandes que mi casa, pero eso es así desde hace mucho tiempo y había aprendido a vivir (y a dormir) con ello. No es tampoco por Lucas, con él parece que las cosas marchan bien... a su manera, pero bien al fin y al cabo. Es, no sé... no sabría cómo decirlo... es como si de repente hubiese perdido el interés por todo.

Anoche recibí un mensaje de Lucas que decía: "en una hora voy a presentarme en tu casa por sorpresa". La verdad es que después de lo de la última vez, me hizo reír. Pero yo no tenía el ánimo como para ver a nadie, así que le dije que podría sorprenderme otro día... quizá el viernes a las nueve para cenar... o quizá el sábado a las siete para dar un paseo... 

Hizo caso omiso. En una hora se presentó en mi casa tal y como me había anticipado. De nuevo yo estaba con mis harapos totalmente desaliñada y sin gracia; con la diferencia de que esta vez no me preocupaba.

 Hola le dije nada más abrir creo haberte dicho que prefería vernos...

 Sí, sí, y me has dejado desconcertado me interrumpió porque no sé para qué me contestas si yo no te he hecho ninguna pregunta, solo te he informado de que venía.

Me dio un beso y entró. Este tío es para hacer un documental sobre el sexo masculino. Ya me lo estoy imaginando: "como podrán observar, se trata de un espécimen que refleja las características del macho dominante. En sus hábitos de apareamiento, este ejemplar de hombre ibérico marca su territorio a través de una serie de actuaciones que la gente de a pie ha denominado 'hacer lo que le da la gana'. La hembra, totalmente paralizada, es cautivada por estos encantos..." 

– ¡Ey! ¿Se puede saber qué te pasa? Te quedas embobada, como pensando en algo... ¿Quieres contármelo?

 Lucas, ya te había dicho que prefería quedar otro día. La verdad es que no me encuentro muy bien... estoy algo decaída, no sé... ¿Qué es lo que quieres? ¿A dónde va todo esto?

 ¿Estás así por mí?

 No, no... A ver... No exactamente... Es por todo en general. Tengo veintinueve años, y sé que soy muy joven, lo sé, pero siempre había creído que para los treinta estaría casada en una casa preciosa con un marido estupendo y unos hijos preciosos. A la vista tienes todo lo que he conseguido. Me he hartado de la vida. Es una mierda. Mi trabajo es precario, a estas alturas no tengo ni siquiera un contrato normal. La redactora dimite y el subnormal de mi jefe mete a otra antes que pensar en mí y en todo lo que he tragado todo este tiempo.

 Bueno, a ver, tranquili...

 ¡Pues no! le interrumpí Es que ya lo veo todo falsísimo. Todo. Y todo para morirnos al final. ¿Te lo puedes creer? Es que es horrible. Observo a las personas y me dan ganas de vomitar. Buenos días, buenas tardes, ¿qué tal todo?, bien, bien, bien, pero ¿qué cojones pasa? Nada va bien. Todo el mundo dice que es según veas el puto vaso ese llenado por la mitad, que todo es cuestión de perspectiva... ¡A la porra ya con todo!

Y me detuve para respirar como quien lleva horas y horas caminando bajo el sol sin agua y se bebe una botella entera de golpe. Es probable que con lo pequeño que es mi piso inhalara prácticamente el noventa por ciento de oxígeno de la casa.

 Respira... me dijo Lucas mientras me cogía por los hombros y me sentaba Te entiendo, de verdad, yo tuve esa sensación. Recuerda que me divorcié, perdí el empleo y estuve trabajando como comercial. ¿Hay algo peor que ser comercial? El comercial es el ser más odiado después de la cucaracha y lo sabes. Pero, mírame ahora. He encontrado un nuevo puesto y, además, de lo mío. Merece la pena esperar a ver qué pasa.

 Llevo toda la vida esperando.

 Sí, como todo el mundo, porque la vida es eso, es como estar en una sala de espera continua. Siempre estamos esperando algo. Y en toda sala de espera al principio te sientas erguido y de manera adecuada, pero conforme va pasando el tiempo te vas deslizando hacia abajo, vas volviendo a incorporarte, y otra vez hacia abajo, y de nuevo te pones derecho, y luego cruzas una pierna, y luego te haces hacia la derecha, y luego hacia la izquierda... y así según el grado de desesperación. Al parecer tú ya te has caído de la silla y estás tirada en el suelo esperando tu turno, pero esa no es una forma socialmente aceptable de esperar.

Menuda metáfora que se ha montado. Se ha puesto serio pero de verdad. Cuando se pone a filosofar es increíble. Lo cierto es que creo que le encuentro el sentido a lo que dice. Me ha gustado. Y me gusta mucho más él y me alegro de que esté aquí y de que no me haya hecho ni el más mínimo caso.

 Ahora estás muy callada. ¿Ya te has desinflado, globito?

Le sonreí porque realmente me hizo reír. Y él me sonrió. Y yo no sé si fue lo de "globito" o su sonrisa, pero creo que ha sido el segundo más estúpido y feliz de mi vida.

 Voy a preparar un baño, te arreglas y nos vamos por ahí a cenar. me dijo mientras se incorporaba y encendía la música, porque él sabe que yo no hago nada en la vida sin mi música... y ahora ya tampoco podré vivir sin él.




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