domingo, 3 de mayo de 2015

19. La dignidad es un lujo social

¿Sabéis eso que dicen de "hoy no es mi día"? Pues yo voy a lo grande. Eso de tener un día de mierda es de fracasados, lo suyo es tener mínimamente una semana de mierda, que ya parece que es más de bohemios. Y ese rollo se lleva ahora muchísimo, la verdad. Así que esta semana no ha sido la mía. Se podría decir que ha sido fatídica, funesta, nefasta, horrible, terrible, "deprimible"; pero prefiero decir que ha sido una enorme mierda porque suena mucho más sentido, real y sincero.

Toda semana asquerosa tiene una ilusión, un nudo y una depresión. Todo empezó cuando me enteré de que Belén se había ido. Belén es la redactora normal de la revista donde trabajo, y digo "la normal" porque yo hago todo desde mi casa porque allí no tienen una mesa con un ordenador para mí. ¿Queréis que encontremos las siete diferencias?
  1. Bueno, la primera es obvia, ella tiene un despacho en la empresa.
  2. Ella tiene un sueldo digno.
  3. Ella tiene un horario mientras yo tengo que hacer los textos cuando me los pidan y punto.
  4. Ella tiene la última palabra en todo.
  5. Ella aparece como la única redactora de la revista.
  6. Yo no aparezco por ningún lado porque yo solo soy la becaria. Entonces lo suyo es suyo y lo mío también es suyo.
  7. Y ella va a casarse. Esto no tiene mucho que ver con el trabajo, pero me gustaría que vieseis con claridad la estupenda vida que tengo comparada con ella.
La cosa es que cuando presentó su dimisión las nubes del cielo se disiparon y abrieron ante mí un portal de luz donde me veía como ella en aquel despacho, por cierto muy moderno, de paredes grises. Sin embargo, los acontecimientos, lejos de nuestra voluntad, suceden como les da la gana.

Primera fase: la ilusión. Era mi oportunidad, iba a ser la redactora de verdad, iba a tener un despacho, un horario de trabajo, unos compañeros más o menos encantadores... Así que, muy convencida de que iba a ser yo la sustituta, porque, ¿quién iba a serlo si no?, me puse hiperguapa y me dirigí a la revista.

- ¡Hola, Nora! Ya suponía que vendrías... está siendo todo un lío... Siéntate, por favor. me dijo mi jefe nada más entrar en su despacho mientras movía como muy atareado papeles de un lado a otro de la mesa.

- He sabido lo de Belén y, claro, ahora...

- Sí, sí, sí, es todo un desastre. Debió avisar con más antelación. Estas cosas no están bien... no están bien... seguía hablando muy ajetreado Pero no te preocupes, Nora, que en una semana se incorpora la nueva redactora y ella ya te irá diciendo lo que tienes que hacer.

¿La nueva qué? ¿Pero es que nadie ha pensado en mí? Llevo trabajando en la sombra de esta maldita empresa ya dos años y al estúpido de mi jefe no se le ha ocurrido que quizá soy la más indicada para el puesto.

- De todas formas continuó iba a llamarte porque esta semana no podemos estar parados. Toma, aquí dejó Belén los nuevos contenidos, ve trabajando en ellos esta semana mientras se incorpora la nueva redactora. Sé que es mucho trabajo para una sola, pero entre todos tenemos que sostener esta empresa, ¿no?

Segunda fase: nudo en la garganta. No pude ni contestar. Medio asentí con la cabeza, me levanté y me fui. Sé que hubiera estado muy bien mandarlo a freír espárragos, pero no todas las personas podemos permitirnos la dignidad. Es muy triste, pero es un lujo social en estos tiempos de crisis.

Llegué a casa y se inició la tercera fase: la depresión. Qué mierda de trabajo. Qué mierda de vida. El hermano de Yus ha muerto. La vida no tiene sentido. Lucas no me ha llamado. ¿Qué va a ser de mí? ¿Por qué? ¿Por qué tengo tan mala suerte? Me he tirado toda la semana sin apenas poder respirar trabajando para un imbécil, cobrando lo mismo y sin esperanzas de cambiar mi situación. Joder. ¿Por qué?

Y cuando ya estaba relajada diciéndome a mí misma "Nora, ya es domingo, mañana empieza nueva semana, ya está" va y suena el timbre. Era Lucas. Llevaba tantos días trabajando en casa sin salir que ni me había duchado. Estupendo. El amor de mi vida tras la puerta y yo oliendo a rosas. Ahora a ver qué demonios hago...

Mi gato Leo ha decidido por mí. Se ha acostado encima de la minicadena y ha empezado a sonar la música. Si iba a hacerme una de "no estoy en casa" ya me puedo olvidar...

Al menos la canción es bastante graciosa...





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