viernes, 3 de abril de 2015

4. El pediatra y su afición

Desastrosa. Mi cita de hoy ha sido desastrosa. Mira que le dije a Yus que este tío no era para mí, pero ella se empeñó en que teníamos muchas cosas en común y que era una persona estupenda, así que, decidí darle una oportunidad y hoy hemos quedado para comer. El susodicho se llamaba Fran y trabajaba en el hospital de Yus en la sección de pediatría. La verdad es que era muy guapete y eso de que curase niños lo hacía como muy mono, pero, no sé, tenía algo en la expresión de su cara que me hizo saber que no encajaríamos desde que Yus me enseñó su fotografía. La verdad es que yo soy muy así de prejuzgar sin ningún motivo aparente, pero también es cierto que no suelo equivocarme. Calo a las personas prácticamente sin conocerlas. Es una especie de don. Además, después de todos los defectos y la mala suerte que Dios me ha dado, ya estaba bien que tuviera algún poder especial, al menos para tener un poco equilibrada la balanza virtudes-defectos… pero, bueno, hablemos de mi cita.

La cuestión es que al principio iba todo muy bien: le gustaba la lectura, la música de los 60, 70, 80 y 90, la comida japonesa, el arte, montar en bici, y bastantes cosas más que, como decía Yus, tenía en común conmigo. Pero, de repente, que es como llegan todos los desastres, va y suelta que cuando no está salvando vidas infantiles le gusta ser torero. ¡Joder! ¡Torero! ¿Cómo le puede gustar matar animales a un pediatra?

Mira que lo vi en la foto que este tío no estaba muy bien de la cabeza. Yo soy ultradefensora de los animales. Los defiendo tantísimo que todavía no tengo ninguno porque creo que hay que estar muy capacitado para cuidar de ellos. ¡Llevo un año documentándome para tener un gato! ¡Joder! No podía creer que Yus me hubiera presentado a un torero. Cuando llegué a casa lo primero que hice fue llamarla para contarle la perversa afición de su amigo. Ella se rio, como siempre, y me dijo que no sabía nada de ese "perverso hobbie". También me dijo que no era para tanto, que podía seguir conociéndole. Yo le dije que si quería que cogiera a Tobi, su perro adorado, lo mareara, lo matara lentamente y le cortara las orejas. Me colgó.

Para quitarme el disgusto de encima me descalcé y me puse mi lista musical de los 60. La primera que sonó fue I’m a believer, de The Monkees, que es una canción muy positiva y tiene un ritmazo alucinante para bailarla descalza.



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