domingo, 5 de abril de 2015

8. Las profesiones prohibidas de Marta

Han pasado ya veinticuatro horas y Lucas no me ha llamado aún para ese café. Marta dice que no es tan grave, que solo ha pasado un día… Para mí han sido veinticuatro intensas horas de espera y ya, prácticamente, desesperación.

- ¡Jo, Nor! ¡No fumes otra vez! –habló Yus, la voz de mi conciencia.

- Estoy nerviosa, ¿vale?

Yus siempre me dice que fumar me matará lenta y dolorosamente. Yo siempre le contesto que la vida ya es una muerte lenta y dolorosa. Marta también fuma, así que ella en ese aspecto me entiende.

- Te llamará –dijo Marta con bastante seguridad– Acaba de divorciarse, tiene un trabajo deprimente y vive solo. Te llamará.

- ¿Tú crees? Encima es que yo no tengo su teléfono para cometer la estúpida locura de llamarlo como una desesperada…

- ¿Pero tú te estás oyendo? –añadió de nuevo “Pepitogrillo”– ¿De verdad quieres volver a salir con el tío que te dejó por otra y que probablemente se casó con ella? Deberías disfrutar de que le haya ido como el culo y pasar de él.

- Yus, tú no lo entiendes porque…

- ¿Es que nadie ha pensado que trabaja de comercial? interrumpió Marta– Sí, la dejó y todo ese rollo, pero de eso hace ya seis años. Lo importante es que a-ho-ra es co-mer-cial –y dijo esto último casi deletreando– ¿Vas a salir con un comercial? Yo ni siquiera pensaba que los comerciales tuvieran una vida… no sé, los consideraba algo así como robots… El caso es que es una de esas profesiones prohibidas.

Yus y yo la miramos como diciendo “¿qué?”. Ella dio un sorbo a su batido de chocolate, pegó una calada a su cigarrillo y continuó:

- ¡Venga ya! ¡No me miréis así! Sabéis que hay profesiones prohibidas, ¿no? A ver, yo nunca saldría ni con un psiquiatra ni con un ginecólogo ni con un comercial. Los motivos están claros, ¿no?

- Entonces, según tú, ¿esas personas no tienen derecho al amor? –contestó Yus con voz irónica.

- Sí, pero, Dios los crea y ellos se juntan. Que se hagan parejas entre ellos…

Yus la miró escéptica. Yo no pude aguantarme la risa. No me sirvió de nada su discurso porque sigo esperando locamente la llamada de Lucas, pero, al menos, me reí como hacía tiempo que no me reía. 

Cuando llegué a casa decidí relajarme en la bañera y continuar la alegría con un poco de música. Así que, mientras me depilaba para estar preparada al amor, canturreaba: lollipop, lollipop, oh lolli lolli lolli...


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