lunes, 27 de abril de 2015

18. Entre pitos y flautas

Hace ya tres días que no sé nada de Lucas. Dijo que hablaríamos cuando volviese, pero el problema es que no dijo cuándo volvería; porque, claro, él funciona así. Es de esa clase de tíos que no concretan absolutamente nada porque prefieren desquiciarnos. Y es un asco. Es que creo que no hay nada más horrible que la incertidumbre. Es una sensación la mar de molesta. Es como si alguien estuviera dando continuamente cuerda a tu cerebro y no pudieras dejar de pensar. Desde luego, va a volverme loca.

Encima este fin de semana ha sido de lo más solitario. Me hubiera gustado llamar a Yus, pero la muerte de su hermano está muy reciente y no quería molestarla con mis estupideces. Además, tampoco sé muy bien cómo actuar en estos casos. Es súper jodido saber qué decirle a alguien con un problema de verdad, porque si fuera una chorrada, pues, bueno, está el típico "todo se solucionará", pero cuando ya ha muerto alguien pues... creo que no hay nada que decir. La verdad es que no tiene solución.

Lip está encantadísimo con su nuevo amor y está muy perdido últimamente. Podría haber llamado a Marta o a Jon, pero no me apetecía una noche loca de juerga desenfadada, más bien quería la triste barra de un pub cualquiera con una o dos copas de más. Es que ¡uf! Jon y Marta son de beber a lo alegre, yo soy más bien de emborracharme a lo melancólico. Ellos adoran su soltería, les encantan sus vidas. Mientras tanto, yo envidio cómo Marta deja a los hombres con esos ardides y ese descaro tan atractivo que parece decir "en qué momento has podido soñar tener algo más conmigo, cielo"; porque Marta usa mucho eso de 'cielo'. Le queda muy bien, sabe cómo decirlo. Seguro que si lo dijera yo sonaría, cuando menos, rarísimo.

Pero bueno, mi gato Leo y la televisión han sido estos días mi grandes compañeros. La verdad es que me busco mis mañas para no pasarlo tan mal sola. A veces me imagino que soy una reina sentada en mi sillón y los personajes de la tele son mis bufones reales. Sentada en mi trono, acaricio suavemente a Leo mientras estos bufones a mi servicio dicen estupideces y hacen el ridículo para mi deleite y entretenimiento personal. Sinceramente, me lo tomo así porque es mucho mejor que pensar que todos esos cantamañanas que no tienen ni puta idea de nada pueden cobrar en un par de días lo que yo en un mes.

En fin, creo que la imaginación es mi único consuelo. Menos mal que todavía puedo soñar. La vida es una gran orquesta donde todos tenemos nuestro sitio, pero el mío es al fondo del todo haciendo de vez en cuando tilín con el triángulo. Como veis, no soy muy importante... La vida es una gran orquesta, y yo estoy muy perdida entre pitos y flautas...

Siempre me quedará la música. El show debe continuar.


2 comentarios:

  1. Me encanta, es increíble lo que logras transmitir en cada palabra. Me hago fan de esta frase "En fin, creo que la imaginación es mi único consuelo. Menos mal que todavía puedo soñar." Espero leerte pronto

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  2. ¡Hola guapa! Muchísimas gracias por leerme y por dejar tu comentario. Sabes que tu poesía también me encanta.

    ¡Nos leemos!

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