lunes, 13 de abril de 2015

15. La cucaracha

La reacción inmediata al avistamiento de una cucaracha es la inmovilidad. En ese momento se crea una tensión tremenda entre el insecto y nosotros, que nos quedamos muy muy quietos esperando que este se volatilice o desaparezca solo. Porque, claro, no creo que estemos esperando a que se vaya caminando, pues basta que el bicho se disponga a dar un paso en la dirección que sea, que nosotros saltamos del suelo como si este estuviera en llamas.

Y así acabé encima del sillón replanteándome seriamente un par de cosas, como la supremacía del ser humano, por ejemplo. Ante todo, he de decir que la cucaracha era enorme. Ni siquiera me explicaba cómo podía caber en mi minúsculo apartamento. Se trataba de un tipo excepcional de cucaracha, era del tipo más grande del mundo. Para colmo, no tenía fli-flí para matarla, tenía forzosamente que aplastarla para acabar con ella y eso me daba un asco terrible.

Durante un par de minutos estuvimos las dos paralizadas y yo la miraba recordando a Gregorio Samsa. No sé si lo conoceréis. Es el protagonista del libro “La metamorfosis”, de Kafka. El caso es que el tío ese se despierta una mañana convertido en una especie escarabajo o cucaracha y la historia nos cuenta cómo es tratado por los demás después de sufrir este cambio. Da para pensar la cosa… La verdad es que me daba pena la pobre cucaracha. Ni siquiera sé por qué la odio. Yo le caía mal a una de mi clase en el instituto y no le había hecho nada. Además, ella misma decía que no sabía por qué, que porque sí y punto.

A veces me paro a pensar qué sienten las cucarachas al ser ahogadas por los gases de nuestros insecticidas o al ser aplastadas por nuestros zapatos. El problema es que cuando veo a una todo esto se me olvida y solo quiero que muera y se extinga toda su asquerosa especie. ¡Joder! Encima el teléfono está en el escritorio y está sonando. Podría ser Lucas. “Y la cucaracha esta también podría comerme si piso el suelo… Vale, Nora, céntrate. ¿En serio una cucaracha va a quitarte a tu hombre?”, me dije a mí misma demostrándome que, además de haber perdido la dignidad, también había perdido la cabeza.

Con el susto que tenía en el cuerpo, fui tan rápida a por el móvil que acabé resbalándome y cayendo al suelo. Me di tal golpe contra la mesa que ahora llevo un artístico moratón en el brazo con todas sus tonalidades y todos sus matices. La cucaracha se asustó y salió por debajo de la puerta del piso. Tengo que poner algo para tapar ese maldito hueco entre suelo y la puerta. En fin, por lo menos cogí el teléfono. Y además era Lucas. Esta noche hemos quedado para cenar.

Leo sigue durmiendo como si nada. Este gato solo se despierta para comer y cagar. Yo estoy hiper feliz. Dice que va a invitarme a cenar en un sitio sorpresa. No sé qué ponerme. Si supiera dónde voy… pero, ¿qué se pone una para ir a una sorpresa? Voy a ponerme algo de música para inspirarme. Quand il me prend dans se bras, il me parle tout bas, je voix la vie en rose...


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