domingo, 12 de abril de 2015

14. La mala noticia

El hermano pequeño de Yus ha muerto repentinamente. Muerte súbita lo llaman. Hay que ver cómo es esto... Nos pasamos la vida esperando que nos llegue el momento de morir y siempre nos acaba pillando por sorpresa.

Se llamaba Nicolás, pero todos le decían Nico. Cuando iba al instituto con Yus y me pasaba las tardes en su casa Nico siempre nos espiaba esperando escuchar algo sorprendente, pero creo que le decepcionamos. Él esperaba oír qué opinábamos de los hombres o quizá enterarse de si nos gustaba algún chico, pero la mayoría de las veces quedábamos para estudiar de verdad porque lo cierto es que éramos bastante empollonas. Al final, para integrarse con nosotras siempre venía fingiendo que no entendía algo para que Yus o yo se lo explicásemos.

- ¡Nico, eres un pesado! ¡Pregúntale a mamá! –le decía casi siempre Yus.

- ¡Pues le voy a decir a todo el mundo que te llamas María Jesús!

Entonces Yus le hacía un hueco en la mesa y yo hacía esfuerzos por no sonreír. Solamente Ben y yo sabemos que Yus se llama María Jesús. Yo creo que puede que Lip y Marta ya se lo hayan imaginado, aunque Jon seguro que ni lo ha pensado. El caso es que Yus y su hermano fueron el perro y el gato durante años hasta que conforme iban creciendo iban siendo inseparables. Además, Nico también estudió enfermería y trabajaba con Yus en el hospital, por lo que se veían todos los días. Y encima Yus últimamente estaba emocionadísima con él porque el próximo fin de semana Nico iba a presentarnos por primera vez a una chica.

Todo se ha ido al garete. Tus planes se joden porque la vida te impone los suyos. Estas situaciones me superan, de verdad. Es como si todo perdiera el sentido. Estoy aquí en el velatorio mirando fijamente el cuerpo de Nico y no le veo. No es él. Ese será el cuerpo que vestía, pero no es él. Ya no es él. Es piel vacía.

Nosotros no somos el cuerpo. No somos los ojos; más bien somos la lágrima que sale de ellos, el fruncido del ceño o la manera en que los guiñamos al reír. Nosotros no somos la boca; somos las sonrisas, las palabras, lo suspiros. Por supuesto, no somos los brazos, ni los dedos, ni las manos; somos los abrazos, los gestos, las caricias. Nosotros no somos las piernas, ni tampoco los pies; sino el camino andado, sino las huellas que dejamos en los demás.

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