miércoles, 1 de abril de 2015

1. Controversias lingüísticas

Para empezar, diré que me llamo Nora y que el lenguaje es un hijo de puta. Lo he visto, os lo aseguro, he visto cómo funciona, cómo se mueve, cómo manipula. Es un auténtico cabrón. Yo estaba encantadísima diciendo a todo el mundo que vivo en un acogedor loft en el centro con cocina americana, porque eso fue lo que me dijo el de la agencia, y eso fue lo que me cautivó y lo que cautiva a todas las personas que al oírlo me creen una mujer moderna. Lo malo es que también se puede decir de otra forma: en lugar de vivir en un acogedor loft en el centro con cocina americana, puede que sobreviva en aproximadamente cuarenta metros cuadrados, en medio de semáforos y pitidos y, encima, por si fuera poco, con una cocina enanísima. Así es como se las gasta el lenguaje. Con sus letras y combinaciones va cambiándonos la vida.

Es un poco el rollo del vaso medio lleno o medio vacío. ¿Que cómo veo el vaso? Pues de unos cuarenta metros cuadrados más o menos. Hoy no me pilláis con buen pie… Y es que yo creía que era una chica moderna, independiente, que vivía a su manera, una bohemia, que suena la mar de bien, pero resulta que no tengo un duro, vivo en un cuchitril y mi trabajo es más inestable que la casa de paja de los tres cerditos. Además, el año que viene cumpliré treinta años y sigo soltera y, tal y como está el patio, sin esperanzas de dejar de estarlo. Bueno, por lo menos sé que no soy una pesimista de esas, que suena fatal… Según Benedetti, soy una optimista bien informada, que suena muchísimo mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario