lunes, 27 de abril de 2015

18. Entre pitos y flautas

Hace ya tres días que no sé nada de Lucas. Dijo que hablaríamos cuando volviese, pero el problema es que no dijo cuándo volvería; porque, claro, él funciona así. Es de esa clase de tíos que no concretan absolutamente nada porque prefieren desquiciarnos. Y es un asco. Es que creo que no hay nada más horrible que la incertidumbre. Es una sensación la mar de molesta. Es como si alguien estuviera dando continuamente cuerda a tu cerebro y no pudieras dejar de pensar. Desde luego, va a volverme loca.

Encima este fin de semana ha sido de lo más solitario. Me hubiera gustado llamar a Yus, pero la muerte de su hermano está muy reciente y no quería molestarla con mis estupideces. Además, tampoco sé muy bien cómo actuar en estos casos. Es súper jodido saber qué decirle a alguien con un problema de verdad, porque si fuera una chorrada, pues, bueno, está el típico "todo se solucionará", pero cuando ya ha muerto alguien pues... creo que no hay nada que decir. La verdad es que no tiene solución.

Lip está encantadísimo con su nuevo amor y está muy perdido últimamente. Podría haber llamado a Marta o a Jon, pero no me apetecía una noche loca de juerga desenfadada, más bien quería la triste barra de un pub cualquiera con una o dos copas de más. Es que ¡uf! Jon y Marta son de beber a lo alegre, yo soy más bien de emborracharme a lo melancólico. Ellos adoran su soltería, les encantan sus vidas. Mientras tanto, yo envidio cómo Marta deja a los hombres con esos ardides y ese descaro tan atractivo que parece decir "en qué momento has podido soñar tener algo más conmigo, cielo"; porque Marta usa mucho eso de 'cielo'. Le queda muy bien, sabe cómo decirlo. Seguro que si lo dijera yo sonaría, cuando menos, rarísimo.

Pero bueno, mi gato Leo y la televisión han sido estos días mi grandes compañeros. La verdad es que me busco mis mañas para no pasarlo tan mal sola. A veces me imagino que soy una reina sentada en mi sillón y los personajes de la tele son mis bufones reales. Sentada en mi trono, acaricio suavemente a Leo mientras estos bufones a mi servicio dicen estupideces y hacen el ridículo para mi deleite y entretenimiento personal. Sinceramente, me lo tomo así porque es mucho mejor que pensar que todos esos cantamañanas que no tienen ni puta idea de nada pueden cobrar en un par de días lo que yo en un mes.

En fin, creo que la imaginación es mi único consuelo. Menos mal que todavía puedo soñar. La vida es una gran orquesta donde todos tenemos nuestro sitio, pero el mío es al fondo del todo haciendo de vez en cuando tilín con el triángulo. Como veis, no soy muy importante... La vida es una gran orquesta, y yo estoy muy perdida entre pitos y flautas...

Siempre me quedará la música. El show debe continuar.


lunes, 20 de abril de 2015

17. Los dos trozos de silicona

Me desperté en la cama de Lucas sin Lucas. Una nota le sustituía:

He salido temprano al aeropuerto, olvidé decirte que tenía la presentación de un proyecto de la empresa fuera del país. No te agobies. He ido a trabajar, no a comprar tabaco, volveré. Hablamos cuando venga.  
Por cierto, puedes desayunar si quieres y si encuentras algo por la cocina. No he vuelto a ir al supermercado desde el día que nos encontramos allí. Soy un desastre.  
Hasta pronto.

Venga ya. Maldito imbécil. “No te agobies” me dice el muy idiota… “que no se ha ido a comprar tabaco” dice… No, pero esto es mucho peor, ¡se ha cogido un avión! Yo había oído eso de “oye, he bajado un momento”; pero eso de “me he ido temprano a coger un avión” suena aún más a “he huido pero bien lejos”. No sé. No es una cosa que me pase con frecuencia esto de que me acueste con un hombre y me deje una nota diciendo que se ha ido al aeropuerto.

En fin, la casa estaba muy vacía, se ve que todavía no se había instalado del todo, y la verdad yo me sentí terriblemente sola, así que me marché. Lo bueno es que como se había mudado a mi barrio solo vivía a unos diez minutos andando de mi casa, así que no tuve que coger ningún taxi ni autobús ni nada. En el camino paré en la confitería para comprarme algo de desayunar. Me apetecía una enorme palmera de chocolate, una bien bien grande que rellenara todo el vacío que me había dejado al marcharse.

Nada más entrar pregunté quién era el último y una chica despampanante dijo, tímida y feminísimamente, “yo”. Era una tía… ¿cómo decirlo? Asquerosamente guapa, de estas que parece que ni se tiran pedos ni cagan. Sobre todo no pude evitar fijar toda mi atención en sus senos flotantes. Sí, sí, flotantes. Flotaban en el aire sin ningún tipo de sostén que luchara por ellos contra la gravedad. Vamos, lo que cualquiera calificaría de firmes y turgentes. Para mí es una situación de lo más horrible. Es como si vas en un Seat Ibiza de tres puertas del 98 y de repente se te pone al lado en el semáforo, no sé, el último Mercedes-Benz Clase A. Un cochazo vaya. Pues no hay color. Para el pobre Ibiza la comparación es muy deprimente.

Entre que el tío con el que me había acostado la noche anterior había salido del país en un avión y que tenía justo al lado a la tía con la que todo el mundo me gastaría la broma del antes y el después (no cabe duda de que yo sería el antes), tenía que distraer mi mente y pensar en otra cosa. Puede que os parezca absurdo lo que voy a deciros, pero a mí me parece de lo más interesante. A ver, ya que no paraba de mirarle las peras, se me ocurrió que qué pasaría cuando esa chica tuviera 80 años.

¿Alguien ha visto alguna vez a una vieja con las tetas de silicona? De hecho cada vez tenemos más esperanza de vida, puede que esta tía llegue a los 100 años con esas tetazas. Yo empecé a imaginármela y me produjo un estupor que pa’ qué. No sé, piénsalo. Toda arrugada hecha una pasa y de pronto dos pedazo de tetas ahí bien firmes. Da miedo. Pero es que luego está la cosa de cuando se muere… porque, claro, ¿los gusanos se comerán también las tetas estas ficticias o dentro de millones de años otra especie encontrará las tumbas vacías con dos trozos de silicona? Van a pensar que adorábamos a la silicona o algo así…

- ¿Qué quiere? –interrumpió mis reflexiones la dependienta.

Me había abstraído tanto en mis pensamientos que la del pechamen se había ido y no me había dado ni cuenta. Me pedí mi enorme palmera y me fui a casa. A penas estaba cruzando la puerta cuando mi gatito Leo empezó a ronronear. Estaba esperándome, como siempre, porque él siempre me espera. Al final me he comprado la palmera y me he tragado las dos súper tetas para nada. Él ha conseguido rellenar ese vacío en menos de un segundo. 

¡Jolín! Esta tarde tengo que terminar unos textos para mi trabajo... con lo mal que me pagan y siempre con prisas... En fin, yo primero voy a alegrarme un poco el día cantando una de mis canciones favoritas de los 80. Al principio es un poco lenta, pero sobre el minuto y veintisiete más o menos pega un subidón que es la leche. Probadla. 


jueves, 16 de abril de 2015

16. No decía palabras

Después de dar vueltas, vueltas y más vueltas, creo que al final decidí ponerme un vestido. Y digo creo porque cuando Lucas llamó al timbre todavía no estaba cien por cien segura de querer bajar así; pero ya era demasiado tarde y mi ropa estaba ya demasiado desorganizada como para ponerme a buscar otra vestimenta. Así que bajé con el típico vestido que pide a gritos “enamórate de mí”. Al menos, boquiabierto se quedó.

- Vaya, ¿te has arreglado mucho para la ocasión, no?

Porque Lucas no es de esos tíos que te dicen que vas guapa, sino que es de esos que te hacen saber que saben que te has tirado horas arreglándote para ellos. Es un creído. Y yo una orgullosa.

- Verás, es que he quedado después para tomar una copa con un amigo. ¿No te importa, verdad? Me llamó justo después de hablar contigo y me daba apuro darte plantón. No es mi estilo, ya lo sabes. –dije haciéndome la digna.

- Ningún problema. Cuando tengas que irte te dejaré donde me pidas. –contestó mientras me abría la puerta del coche.

¿Por qué narices me habré inventado esa bola? ¡Qué estúpida soy! Si tenía alguna oportunidad de pasar la noche con él, ya la he perdido. ¡Uf! La culpa es de él, que es un capullo. No puedo dejar que me vea débil. He hecho bien. He hecho bien. Así se picará y querrá verme otro día.

Al fin llegamos a mi sorpresa. Era un restaurante japonés. La verdad es que me gusta bastante la comida japonesa y él lo sabía. El caso es que no era un restaurante de sushi cualquiera, sino que era el más famoso de la ciudad. Es un sitio de esos que miras con deseo al pasar preguntándote cómo será la gente que lo frecuenta, hasta que un día tú eres uno de ellos. La verdad es que era un lugar de lo más romántico. Tiene dos zonas, una interior y otra exterior. En la exterior las mesas están en un super jardín escondidas entre setos y árboles, lo que te da una intimidad tremenda. Una de esas mesas fue la que reservó Lucas.

- Te hubiera llamado antes, pero quería esta mesa y solo la tenían disponible hoy. –me dijo nada más sentarnos.

A mí se me derritió el corazón. Notaba cómo se me deshacía y se deslizaba por todo mi cuerpo. Joder. Yo esperando estos días que me llamara pensando lo peor y resulta que quería traerme al lugar más precioso del mundo. Nora, no, no y no. Podía haberte llamado aunque fuera para charlar un poco o al menos decirte sus intenciones de verte, pero no lo hizo. No te ablandes Nora.

- Sé que podría haberte llamado antes aunque fuera para hablar un rato, pero no hubieras pillado esta cita con tantas ganas, ¿verdad? –añadió.

¿En serio me ha leído el pensamiento? Lo que os decía, es demasiado listo, se las sabe todas. Seguro que piensa que estoy alucinando con este magnífico lugar que me incita a decirle “haz conmigo lo que quieras” y ahora mismo su ego está por los cielos, pero yo voy a encargarme de bajarle esos humos.

- Pues no es para tanto. He estado…

- ¿Qué demonios te has hecho en el brazo? –me interrumpió señalándome el cardenal.

Me cago en la leche. Tengo que pensar algo rápido. No puedo decirle que me lo hice porque soy una histérica y pensaba que me iba a comer una cucaracha.

- ¿Este moratón? Pues… verás… yo estaba… patinando y… se cruzó un perro… y me di contra una farola.

- ¿Patinando? Odias los patines. Te dan un miedo terrible.

- Me daban, ya no. Te has perdido muchas cosas de mi vida tesoro… ¿O qué? ¿Crees que me lo he hecho huyendo de una cucaracha o qué?

- Lo veo bastante más probable. –contestó con su típica sonrisilla.

Negra. Me pone negra. Y también cachonda. Será capullo. Como siga en este plan de tío hiper seductor voy a acabar desnudándome encima de la mesa o clavándole un palillo chino en el ojo. Por algún sitio tengo que desahogarme.

Al final de la cena me preguntó dónde había quedado con mi amigo para acercarme con el coche. Jo, no podía decirle que me llevase cerca de mi casa porque se iba a notar un huevo la mentira. Si yo lo que quería era estar con él toda la noche y, si me aprietas, toda la vida… ¿para qué me habría hecho la digna? Pero ya no podía quedar tan mal, así que le pedí que me llevara un pub donde había quedado supuestamente con el otro chico.

- Bueno, espero que lo pases bien con él. –me dijo con una sonrisa en los labios que me atravesó la garganta.

- Seguro que sí, no te preocupes tanto por mí. –le respondí y cerré la puerta.

Ver su coche doblar la esquina y desaparecer fue la imagen más triste y desoladora que había visto en mucho tiempo. La intensa sensación de vacío y abandono que sentí era indescriptible. Tenía ganas de gritar, de gritarle que volviera, de decirle que estaba loca por él y que no se volviera a ir nunca más… pero ya estaba hecho.

Encendí un cigarrillo y comencé a caminar en dirección a la parada de taxi. Encima la broma me iba a costar lo menos diez pavos. Joder. Vaya tela. Nada más cruzar la calle me pita un coche.

- Estas horas son malísimas para ver desparecer al amor de tu vida, ¿no crees? Los cables se te cruzan, te pasas con el alcohol y acabas en la cama suplicando el cariño de cualquier desconocido.
Era Lucas. En ese momento tenía miles de sentimientos diferentes: sorpresa, alegría, humillación, ganas de matarlo por la razón que tenía, ganas de tirármelo por lo sexy que me resultaba en el fondo eso…

- ¿Vas a subir o no? Sé que no has quedado con nadie. Mira, si no quieres que hagamos nada te llevaré a casa y punto. No tires el dinero en un taxi. Déjame llevarte.

- Sí había quedado, lo que ocurre es que se ha puesto enfermo. Acababa de llamarme. –dije lo más dignamente posible mientras subía al coche.

- Me gustas. –dijo nada más cerrar yo la puerta y comenzó a conducir– Siempre me has gustado. Lo que hice hace seis años fue una estupidez, éramos unos críos aún… Pero desde que te vi en el supermercado no he dejado de pensar en acostarme contigo. Lo pienso a todas horas. Y sé que tú también. Noto cómo tiemblas cuando me acerco. He sabido toda la noche que lo de tu amigo era mentira. Sé perfectamente cuándo mientes, Nora. Lo nuestro fue muy intenso, ¿te acuerdas?

Yo no podía ni hablar. Estaba de los nervios. Menos mal que me estaba diciendo todo eso mientras conducía, porque si me lo dice frente a frente mirándome a la cara, que es muy capaz, os juro que me desmayo.

- Voy dirección a mi casa. –añadió– Si no quieres venir, solo tienes que decirme que no antes de que lleguemos y te dejaré en la tuya. ¿Tienes algo que decir?

Y no dije palabras, porque el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe*.

En su coche sonaba "Try a little tenderness". En la música es muy como yo.


*Referencia al poema de Luis Cernuda, “No decía palabras”.

Premio BLACK WOLF BLOGGER AWARD


¡Jolín! Yo no sabía que existían estas cosas... Me he emocionado profundamente al saber que alguien me había nominado a un premio. Y es que, como tengo el blog desde hace bastante poco, no esperaba que nadie quisiera darme un lobo-nobel de escritura, y más a mí, que nunca me toca nada. Dejé de comprar huevos Kinder porque siempre me salía alguno defectuoso y no llevaba premio dentro... ¡Pues fijaos la alegría que me supone ganar este BLACK WOLF BLOGGER!

La verdad es que acabo de saber que existía esta iniciativa y creo que es una buena forma de reconocer a las personas que escribimos nuestro trabajo y, también, es un buen modo de ayudarnos entre nosotros para darnos a conocer. Agradezco enormemente a El escritorio del búho el haber pensado en mí y haberme otorgado este regalo simbólico. A su vez, a mí me gustaría también nominar a varios blogs a este estupendo lobo-nobel de escritura:

El abismo del poeta sin corazón

Libros, plumas y té

A través del espejo

Una chica que lee


NORMAS DEL PREMIO
1. Debes publicar la imagen del BLACK WOLF BLOGGER AWARD en tu blog y explicar cómo te has sentido al recibir este simbólico premio.
2. Debes nominar a otros blogs que te gusten y hacérselo saber.


lunes, 13 de abril de 2015

15. La cucaracha

La reacción inmediata al avistamiento de una cucaracha es la inmovilidad. En ese momento se crea una tensión tremenda entre el insecto y nosotros, que nos quedamos muy muy quietos esperando que este se volatilice o desaparezca solo. Porque, claro, no creo que estemos esperando a que se vaya caminando, pues basta que el bicho se disponga a dar un paso en la dirección que sea, que nosotros saltamos del suelo como si este estuviera en llamas.

Y así acabé encima del sillón replanteándome seriamente un par de cosas, como la supremacía del ser humano, por ejemplo. Ante todo, he de decir que la cucaracha era enorme. Ni siquiera me explicaba cómo podía caber en mi minúsculo apartamento. Se trataba de un tipo excepcional de cucaracha, era del tipo más grande del mundo. Para colmo, no tenía fli-flí para matarla, tenía forzosamente que aplastarla para acabar con ella y eso me daba un asco terrible.

Durante un par de minutos estuvimos las dos paralizadas y yo la miraba recordando a Gregorio Samsa. No sé si lo conoceréis. Es el protagonista del libro “La metamorfosis”, de Kafka. El caso es que el tío ese se despierta una mañana convertido en una especie escarabajo o cucaracha y la historia nos cuenta cómo es tratado por los demás después de sufrir este cambio. Da para pensar la cosa… La verdad es que me daba pena la pobre cucaracha. Ni siquiera sé por qué la odio. Yo le caía mal a una de mi clase en el instituto y no le había hecho nada. Además, ella misma decía que no sabía por qué, que porque sí y punto.

A veces me paro a pensar qué sienten las cucarachas al ser ahogadas por los gases de nuestros insecticidas o al ser aplastadas por nuestros zapatos. El problema es que cuando veo a una todo esto se me olvida y solo quiero que muera y se extinga toda su asquerosa especie. ¡Joder! Encima el teléfono está en el escritorio y está sonando. Podría ser Lucas. “Y la cucaracha esta también podría comerme si piso el suelo… Vale, Nora, céntrate. ¿En serio una cucaracha va a quitarte a tu hombre?”, me dije a mí misma demostrándome que, además de haber perdido la dignidad, también había perdido la cabeza.

Con el susto que tenía en el cuerpo, fui tan rápida a por el móvil que acabé resbalándome y cayendo al suelo. Me di tal golpe contra la mesa que ahora llevo un artístico moratón en el brazo con todas sus tonalidades y todos sus matices. La cucaracha se asustó y salió por debajo de la puerta del piso. Tengo que poner algo para tapar ese maldito hueco entre suelo y la puerta. En fin, por lo menos cogí el teléfono. Y además era Lucas. Esta noche hemos quedado para cenar.

Leo sigue durmiendo como si nada. Este gato solo se despierta para comer y cagar. Yo estoy hiper feliz. Dice que va a invitarme a cenar en un sitio sorpresa. No sé qué ponerme. Si supiera dónde voy… pero, ¿qué se pone una para ir a una sorpresa? Voy a ponerme algo de música para inspirarme. Quand il me prend dans se bras, il me parle tout bas, je voix la vie en rose...


domingo, 12 de abril de 2015

14. La mala noticia

El hermano pequeño de Yus ha muerto repentinamente. Muerte súbita lo llaman. Hay que ver cómo es esto... Nos pasamos la vida esperando que nos llegue el momento de morir y siempre nos acaba pillando por sorpresa.

Se llamaba Nicolás, pero todos le decían Nico. Cuando iba al instituto con Yus y me pasaba las tardes en su casa Nico siempre nos espiaba esperando escuchar algo sorprendente, pero creo que le decepcionamos. Él esperaba oír qué opinábamos de los hombres o quizá enterarse de si nos gustaba algún chico, pero la mayoría de las veces quedábamos para estudiar de verdad porque lo cierto es que éramos bastante empollonas. Al final, para integrarse con nosotras siempre venía fingiendo que no entendía algo para que Yus o yo se lo explicásemos.

- ¡Nico, eres un pesado! ¡Pregúntale a mamá! –le decía casi siempre Yus.

- ¡Pues le voy a decir a todo el mundo que te llamas María Jesús!

Entonces Yus le hacía un hueco en la mesa y yo hacía esfuerzos por no sonreír. Solamente Ben y yo sabemos que Yus se llama María Jesús. Yo creo que puede que Lip y Marta ya se lo hayan imaginado, aunque Jon seguro que ni lo ha pensado. El caso es que Yus y su hermano fueron el perro y el gato durante años hasta que conforme iban creciendo iban siendo inseparables. Además, Nico también estudió enfermería y trabajaba con Yus en el hospital, por lo que se veían todos los días. Y encima Yus últimamente estaba emocionadísima con él porque el próximo fin de semana Nico iba a presentarnos por primera vez a una chica.

Todo se ha ido al garete. Tus planes se joden porque la vida te impone los suyos. Estas situaciones me superan, de verdad. Es como si todo perdiera el sentido. Estoy aquí en el velatorio mirando fijamente el cuerpo de Nico y no le veo. No es él. Ese será el cuerpo que vestía, pero no es él. Ya no es él. Es piel vacía.

Nosotros no somos el cuerpo. No somos los ojos; más bien somos la lágrima que sale de ellos, el fruncido del ceño o la manera en que los guiñamos al reír. Nosotros no somos la boca; somos las sonrisas, las palabras, lo suspiros. Por supuesto, no somos los brazos, ni los dedos, ni las manos; somos los abrazos, los gestos, las caricias. Nosotros no somos las piernas, ni tampoco los pies; sino el camino andado, sino las huellas que dejamos en los demás.

13. El domingo

Leo me ha salido dormilón. Este gatito se pasa el día enroscado entre sueños. Cómo lo envidio... con lo que a mí me cuesta dormir... Me paso las noches luchando contra mi consciencia. Quiero dormir, pero mis pensamientos no se detienen y entro en un estado en el que no estoy al final ni dormida ni despierta, simplemente estoy jodida. Mi cabeza sigue pensando incluso durmiendo. Es horrible.

¡Uf! Qué deprimida estoy hoy... La gente suele odiar los lunes, pero yo odio los domingos. El domingo es la agonía que precede al lunes, es el corredor de la muerte, es el día perdido, es la más absoluta desesperación. El domingo es el día en que las personas se dan cuenta de lo solas que están en realidad.

Odio profundamente los domingos. Leo duerme e ignora el mundo. Yo lo miro y lo admiro y deseo su inocencia, pero mi actividad cerebral es un tren sin frenos, no puedo dejar de pensar. Me siento sola, muy sola. Miro la televisión y el mundo me asquea. No sé qué demonios me pasa. No sé si soy yo o son estos programas de mierda. Últimamente lo veo todo falsísimo. Es como si solo viera esqueletos egoístas gesticulando, a personas que hablan enérgicamente de asuntos vanos y estúpidos y que fingen que nunca defecan ni mueren. Gente que se piensa que todo en la vida es la moda, la fama y el dinero. Qué asco. Encima discuten sin ton ni son y se creen que son el centro del mundo, como si tuvieran alguna importancia, como si no fueran a ser el día de mañana el mismo abono para la tierra que tú o yo.

Apago la tele. Suspiro como si estuviera deshaciéndome del peso de la vida por la boca. Lucas no me ha llamado. Tengo unas ganas terribles de verlo, pero no puedo ir de nuevo detrás de él. Esta vez no. Esta vez tiene que ser él. El teléfono suena. En menos de un segundo me ilusiono, sonrío, pego un salto y corro a cogerlo como si mi vida dependiera de ello. No es Lucas. Es Ben, el novio de Yus. Parece que hay malas noticias.

sábado, 11 de abril de 2015

12. Elegir o no elegir, esa es la cuestión

Hay dos tipos de gente en el mundo: la que puede elegir y la que no. Están aquellos que eligen a sus amigos del instituto, a su pareja, el confort de su sofá y, con esto de la genética a la carta, hasta el color de los ojos de sus hijos. Luego están las personas como yo que nunca han podido elegir nada en la vida: ni el grupo guay del insti, ni al chico más buenorro, y el sofá de mi minipiso es una auténtica mierda y, por supuesto, si no tengo ni pareja ni dinero para tener un hijo, mucho menos para replantearme su color de ojos o pelo.

Total que soy de las que no eligen y me he hartado. Ahora que voy a adoptar un gatito, voy a elegir yo hasta el último detalle. Bueno, gatita, debe ser una hembra porque la quiero llamar Vainilla. Quiero que sea de esas así en tonos naranja, con el pelo ni muy corto ni muy largo y con los ojos azules. Vamos, una gata de anuncio y categoría.

Como siempre, una se da de bruces contra la realidad. No me puedo creer que la gente pida dinero por un gato. ¡Encima que voy a cuidarlo! He visto un anuncio de unos persas que vendían por 800 euros. Yo no sabía que existía el tráfico de gatos persas. Creo que la policía debería investigar estas cosas como investiga a las bandas de coca o algo. En serio, ¿soy yo o es que a nadie más le parece esto tremendo?

Lo que más me fastidia es que luego hay otros individuos que venden sus gatos, al parecer que no tienen ni raza ni marca o yo qué sé, por unos 60 u 80 euros. ¿Pero qué me estás contando? ¿Por qué vale más un gato que otro? Es como si una persona rubia tuviese más valor que una morena. ¿Acaso tu gato, sea como sea, no es para ti el mejor del mundo? Todos los gatos son el futuro mejor gato del mundo para alguien. Así que veo ridículo que se pague más por uno que por otros. ¡Bah! Viendo estas cosas en el Google a cualquiera se le quitan las ganas de buscar.

En fin, la cosa es que de nuevo no puedo elegir. ¡Maldita sea! Encima no me queda tabaco. Me pongo lo que sea y bajo al estanco. De camino veo un cartel en el veterinario del barrio que dice que tienen gatitos en adopción.

- Hola, ¿los gatitos son gratis? –pregunté nada más entrar.

- Por supuesto, además te regalamos la primera vacuna por la adopción. Puedes echarles un vistazo y elegir el que quieras.

“Elegir el que quiera”. Eso me gustó. Había cuatro gatitos enanísimos en la caja. ¡Qué ternura! Había uno naranjita como yo quería, sin embargo, cuando los tenía delante no sabía a cuál escoger. Me sentía como una criminal llevándome a uno y abandonando a los demás, pero no podía hacerme cargo de todos…

- ¿El naranja es hembra?

- No. De hecho, todos son hembra menos el naranja y el negro. Pero bueno, tienes tres hembras para escoger.

- ¿El negro? En la caja solo hay cuatro gatos y ninguno es negro. –le contesté extrañada.

El veterinario miró y dijo entre sonrisas:

- Está en tu bota. Como las llevas negras y es tan pequeño casi no se ve. Este es un rebelde. No sé cómo lo hace pero siempre se sale de la caja. Debe subirse encima de sus hermanos y saltar.

Y allí estaba. Una minibola de pelo negra de ojos verdes sentada en mi pie. En ese momento me di cuenta de algo. No se trata de las personas que eligen y no eligen, sino de las que eligen y las que son elegidas. Yo formo parte del segundo grupo, pero soy la mujer más feliz del mundo sintiendo que este gatito negro, en adelante Leonardo, me ha elegido a mí.


Cuando hemos llegamos a casa y lo he dejado en el suelo lo he visto tan pequeñito que hasta mi piso me ha parecido más grande. Le he puesto música para que se vaya acostumbrando al ritmo de mi vida. Parece que le gusta. Va de un lado para otro con sus minipatitas jugando con un coletero que ha encontrado bajo el escritorio. Es graciosísimo. Parece un pequeño leoncito negro.


jueves, 9 de abril de 2015

11. El ring del amor

De verdad. Siempre igual. Hay veces que no sé si existe algún manual que solo venden en librerías secretas para hombres, o si simplemente se trata de sabiduría popular masculina. El caso es que la mayoría de los hombres repite el mismo patrón de conducta. En serio, deben de tener una especie de libro que se titule “Que sea ella la que venga”, “Haz que ella te llame” o “Desespérala, será tuya”. 

Al dejarme en casa Lucas me cogió por el brazo, me aguantó su intensa mirada unos segundos larguísimos y me dijo de tal manera que esperaba volver a verme que sonó al beso que deseaba darme y no me dio. Yo eso me lo tomé como: “yo también me voy a pasar la noche pensando en ti y arrepintiéndome de no haberte besado”. Pero no. Al parecer eso solo me ocurrió a mí. Para colmo, durante las cuatro míseras horas que conseguí dormir tuve un sueño erótico con él de la leche.

Qué estúpida soy. Me enamoró hace años, me dejó por otra y ahora me dice dos chorradas al dejarme en casa y vuelvo a caer. He llegado del trabajo y ni un triste mensaje. Me pongo a beber. Creo que voy demasiado perjudicada. Tengo unas ganas inmensas de llamarlo y decirle que no tengo esperanzas ni ropa interior; pero no, no y no. No volveré a caer. Tengo que ser fuerte.  Hace seis años me dejaste en el suelo del ring. Ganaste el primer asalto cariño, pero el combate lo ganaré yo. Como dice la canción, caigo noqueada en el suelo, pero me vuelvo a levantar, nunca podrás dejarme en el suelo. ¡Buah! ¡Cómo me anima este ritmazo! “I get knocked down, but I get up again, you´re never gonna keep me down…”


miércoles, 8 de abril de 2015

10. Los pormenores de comer una hamburguesa

Cuando vi las perdidas en el móvil sabía que era él. No tenía su número, pero a mí solo me llaman los comerciales, así que tenía que ser él. Le devolví la llamada y quedamos al día siguiente para cenar.

- ¿Dónde te apetece ir a cenar? –me preguntó nada más verme.

- Un burguer estará bien… ¿no?

- Voy a invitarte yo –me contestó sonriéndose y mirándome como si yo hubiera dicho esa opción porque no tenía suficiente pasta para cenar en otro lugar. Ciertamente, era verdad; pero me molestó.

- ¿Trabajabas ahora como comercial, no? ¿Tantas veces te abre la puerta la gente? –añadí en un tono sarcástico.

Él volvió a sonreír y dijo que iríamos a un burguer porque con esto de ser adulto, la elegancia y esas cosas, hacía mil años que no comía una buena hamburguesa. A mí me pareció estupendo. Al menos hasta que caí en los pormenores de comer una hamburguesa: el kétchup, la mostaza y todo tipo de mejunjes que componen ese suculento manjar siempre acaban deslizándose descaradamente por barbilla, dedos, manos, y a mí, algunas veces, hasta me han llegado al codo. Puro erotismo, vaya. En ese momento pasan dos cosas: o el otro está loco y se enamora de ti locamente, o el posible amor se desliza cual salsa de hamburguesa hasta que desaparece.

Cuando vas camino de los treinta, vives sola en un minipiso y llevas años soltera, comer una hamburguesa delante del tío que te gusta es un deporte de riesgo. En estas circunstancias no te la juegas.

- Yo tomaré una ensalada César, por favor –dije al camarero mientras le entregaba la carta.

- ¿No querías ir a un burguer? –me preguntó con esa sonrisilla suya de “sé que te gusto y te pongo nerviosa”.

- En este burguer hacen las mejores ensaladas César de toda la ciudad, la salsa tiene un ingrediente secreto que nadie sabe y que le da un sabor…

- ¿Secreto que nadie sabe? –me repitió riendo esta vez a carcajadas. Se me notaba un huevo que estaba nerviosa.

- Bueno, entonces dices que perdiste tu trabajo, te acabas de divorciar… ¡jo! ¡qué pena! –dije con hipocresía– ¿Cómo ha sido todo?

- Jajaja, peleas duro. Han pasado seis años, ¿no vas a perdonarme?

Le hice una mueca de estas de “¿pero qué dices?” y me quedé totalmente en silencio, que eso desconcierta muchísimo. Él solito prosiguió:

- Sí, me casé con Blanca, me casé con la chica por la que te dejé, si es lo que quieres saber. No quería casarme, de hecho, iba a dejarla… pero se quedó embarazada. La presión de su familia, amigos, de lo que todo el mundo esperaba de mí hizo que en dos meses la boda estuviera organizada y nos estuviésemos dando el “sí quiero” –se detuvo para beber, suspiró y continuó hablando en un tono mucho más triste– Blanca a los cinco meses de embarazo sufrió un aborto natural. Yo me quedé a su lado pese a que la criatura era ya lo único que nos unía, pero ella se dio cuenta y eran todos los días gritos y peleas en las que me reprochaba que no la quería y todo eso… Al final nos divorciamos de mutuo acuerdo.

Yo no sabía qué decir. Había odiado a Blanca durante años por quitarme a Lucas, pero jamás le hubiera deseado esto.

- Lo siento Lucas, lo siento por Blanca, lo siento muchísimo que haya pasado todo eso –conseguí articular.

- No te preocupes. ¿Te acuerdas de Raúl y lo loco que estaba por ella? Pues ahora están juntos. Lo que es la vida. Y yo tengo una buena noticia: he encontrado un trabajo de lo mío y dejo lo de comercial. Tuve ayer la entrevista y hoy mismo me han llamado.

- ¿Al final terminaste Administración de Empresas?

- Sí. Iba a cambiarme, como te dije en su momento, pero al final me quedé… No podía tirar tantos años de estudio por la borda. La verdad que, aunque era la carrera que mis padres querían, al final me ha terminado gustando. La filosofía no me hubiera dado muchas salidas profesionales realmente…

Así que ya nos pasamos toda la cena hablando de trivialidades y comentando qué había sido de otros viejos amigos. Al terminar me llevó a casa porque ambos debíamos madrugar al día siguiente. Cuando ya estaba entrando en el portal me cogió por el brazo, me miró fijamente a los ojos y me dijo:

- Lo siento Nora. Sé que lo hice mal contigo. Lo siento de verdad.

Yo temblaba de los nervios de tenerlo tan cerca, de que me tuviera cogida por el brazo, de que me aguantara la mirada de esa manera.

- Espero verte otro día –añadió.

Y se marchó. Así, sin beso, sin polvo, sin más. Porque, desde luego, él es un experto en dejar las cosas así, todo hecho un berenjenal.

Seguro que si hubiese tenido encendida mi lista de los 60 hubiera sonado "wait, wait a minute Mr. Postman, wait, wait... please, please, Mr. Postman..."


lunes, 6 de abril de 2015

9. Los gritos en el desierto

Cuarenta y ocho horas y el teléfono ni ha sonado ni parece tener intención de hacerlo. Marta me envía un mensaje y me dice que me relaje, que solo han pasado dos días. Encima es que la tía lo dice como si fueran “dos míseros días”. Claro, ella dice “dos días” y parece poquísimo, pero son cuarenta y ocho horas con todos sus minutos y segundos… y algunos pasan con una lentitud increíble. Qué ironía, ¿no?, con lo corta que es la vida, lo largo que se puede hacer un solo minuto.

La verdad es que me da rabia que Marta hable de los días como si un día o dos no fueran nada. Todo día, aunque cualquiera, es único. Un día nos parece cualquiera porque se nos antoja que todos los días son iguales, con las mismas horas y rutinas; pero, cada día es único, pues no habrá otro como ese, el tiempo no se recupera. Nadie va a devolverme estas horas junto a este estúpido teléfono silente. Este momento es irrecuperable y lo estoy dejando escapar.

¿Y ahora qué hago? Sé que estoy perdiendo mi día pero no puedo evitarlo. Así somos los humanos, a pesar de que sabemos un puñado de cosas no hacemos ni puto caso. Nunca llegamos a ninguna parte. Estoy perdiendo mi tiempo, que probablemente sea lo más valioso que tengo, y no muevo un dedo para evitarlo. Mi mirada está fija en el teléfono. 

¡Jolín! El muy cerdo estaba igual de guapo que siempre. Con esa mirada intensa, esa sonrisa juguetona y esos brazos que parecen estar hechos para abrazar mujeres… Me pregunto cómo me habrá visto él a mí después de todos estos años. Quizá nunca me llame y solo lo dijo por terminar el repentino encuentro de una manera cordial…

¡Uf! Tengo que dejar de darle vueltas a la cabeza. Voy a buscar gatos por internet que aún no me he puesto a buscar. Bueno, mejor me pongo música y limpio esta pocilga que así estaré bastante más entretenida…

Lucas, no me llamas. Te odio. Como dice esta canción, “estas botas están hechas para caminar, y eso es simplemente lo que harán, uno de estos días, estas botas van a caminar sobre ti…”


Y mientras yo cantaba enérgicamente, y a todo volumen, cómo iba a caminar sobre su cabeza, el teléfono sonó y sonó como quien grita en el desierto.

domingo, 5 de abril de 2015

8. Las profesiones prohibidas de Marta

Han pasado ya veinticuatro horas y Lucas no me ha llamado aún para ese café. Marta dice que no es tan grave, que solo ha pasado un día… Para mí han sido veinticuatro intensas horas de espera y ya, prácticamente, desesperación.

- ¡Jo, Nor! ¡No fumes otra vez! –habló Yus, la voz de mi conciencia.

- Estoy nerviosa, ¿vale?

Yus siempre me dice que fumar me matará lenta y dolorosamente. Yo siempre le contesto que la vida ya es una muerte lenta y dolorosa. Marta también fuma, así que ella en ese aspecto me entiende.

- Te llamará –dijo Marta con bastante seguridad– Acaba de divorciarse, tiene un trabajo deprimente y vive solo. Te llamará.

- ¿Tú crees? Encima es que yo no tengo su teléfono para cometer la estúpida locura de llamarlo como una desesperada…

- ¿Pero tú te estás oyendo? –añadió de nuevo “Pepitogrillo”– ¿De verdad quieres volver a salir con el tío que te dejó por otra y que probablemente se casó con ella? Deberías disfrutar de que le haya ido como el culo y pasar de él.

- Yus, tú no lo entiendes porque…

- ¿Es que nadie ha pensado que trabaja de comercial? interrumpió Marta– Sí, la dejó y todo ese rollo, pero de eso hace ya seis años. Lo importante es que a-ho-ra es co-mer-cial –y dijo esto último casi deletreando– ¿Vas a salir con un comercial? Yo ni siquiera pensaba que los comerciales tuvieran una vida… no sé, los consideraba algo así como robots… El caso es que es una de esas profesiones prohibidas.

Yus y yo la miramos como diciendo “¿qué?”. Ella dio un sorbo a su batido de chocolate, pegó una calada a su cigarrillo y continuó:

- ¡Venga ya! ¡No me miréis así! Sabéis que hay profesiones prohibidas, ¿no? A ver, yo nunca saldría ni con un psiquiatra ni con un ginecólogo ni con un comercial. Los motivos están claros, ¿no?

- Entonces, según tú, ¿esas personas no tienen derecho al amor? –contestó Yus con voz irónica.

- Sí, pero, Dios los crea y ellos se juntan. Que se hagan parejas entre ellos…

Yus la miró escéptica. Yo no pude aguantarme la risa. No me sirvió de nada su discurso porque sigo esperando locamente la llamada de Lucas, pero, al menos, me reí como hacía tiempo que no me reía. 

Cuando llegué a casa decidí relajarme en la bañera y continuar la alegría con un poco de música. Así que, mientras me depilaba para estar preparada al amor, canturreaba: lollipop, lollipop, oh lolli lolli lolli...


sábado, 4 de abril de 2015

7. Reencuentro

Un día no te arreglas y te encuentras con la persona que menos quisieras que te viera sin arreglar. Lo que yo os diga, no tengo suerte ninguna. Como hoy no tenía planes con nadie había pensado salir al supermercado y arramblar con todo tipo de dulces como si no hubiera mañana. Y claro, si hay algo peor que encontrarte con alguien importante yendo desarreglada es encontrarte con alguien importante yendo desarreglada y con una cesta llena de chocolates y comida basura como si quisieras con ello rellenar, pero bien rellenado, algún vacío.

Así que eso fue lo que pasó: me encontré con el que fue el amor de mi vida en la universidad. Yo para él fui el amor de unos meses y me dejó por otra, por lo que sufrí como una condenada, pero ya está bastante superado…o, al menos, ya han pasado seis años. Yo me imaginaba que algún día nos encontraríamos y yo iría super guapa vestida y él se arrepentiría profundamente de haberme dejado escapar, pero estaba claro que Dios ni siquiera podía darme ese golpe de suerte.

- ¿Nora? ¿Eres tú? –dijo el muy capullo como si hubiera alguna duda. Yo me acordaba perfectamente de hasta el último lunar de su espalda…

- ¡Lucas! ¡Qué sorpresa! ¡Cuánto tiempo! No esperaba verte por aquí…

- Ahora vivo en este barrio, me mudé hace un par de días. ¿Cómo estás? ¿Cómo te va todo?

Encima me pregunta cómo me va todo y ahora yo tengo que explicarle al tío que me dejó por otra que mi vida es una mierda. ¿Habrá algo más humillante? ¡Bah! ¡A la porra! Estas cosas se hacen rápido como cuando te tiras por primera vez a la piscina en verano.

- Pues estoy trabajando de redactora en plan becaria, vivo sola en un apartamento muy pequeño y dentro de poco tendré un gato. ¿Y tú qué tal? –le pregunté haciéndome la valiente, porque hay que ser muy valiente para hacerle esa pregunta a tu ex después de decirle lo mierda que es tu vida. Ahora seguro que a él le va genial y tiene perro, mujer e hijos.

- Acabo de divorciarme y estoy trabajando de comercial porque desde que me despidieron, hará casi dos años, no he encontrado nada y… ¡Joder! ¡Qué tarde! Oye me tengo que ir que tenía comida familiar hace ya diez minutos. Dame tu número y te llamo cualquier día de estos para un café si te apetece.

Y me volví a enamorar. Me dio una pena terrible su situación. ¿Con quién se habría casado? ¿Tendría hijos? Le di mi número y se fue. ¡Jolín! Con todos los comerciales que vienen a mi casa a diario, seguramente un día el amor llamó a mi puerta y no le abrí porque pensaba que era un comercial.

Nada más llegar a casa busco como una loca una canción que no escuchaba desde hace 6 años porque me recordaba a él. Es “Put your head on my shoulder”, de Paul Anka, un clásico de los 60. Ahora la escucho imaginándome mi cabeza sobre su hombro…


6. Lip ha conocido a un chico y yo quiero un gato

Anoche Lip anunció que llevaba ya unas semanas conociendo a un chico y que parecía que la cosa se estaba formalizando. Todos le dieron la enhorabuena y le dijeron cuantísimo se morían por conocer a su nuevo amor. Yo puse cara de póker. Es que, ¡venga ya! Era un abogado guapísimo y forrado que había conocido por internet. ¿De verdad es eso posible? ¿Qué hace un tío buenorro y con pasta buscando pareja en una web de contactos? Desde luego, Lip había encontrado la aguja en el pajar.

- ¿No dices nada, Nor? –que así me llamaba Lip y la mayoría de mis amigos.

- Sí, me alegro un montón, es que después del fracaso que tuve en la cita del otro día no estoy muy allá… Pero, me alegro un montón, ¡a ver cuándo nos lo presentas!

Qué depresión. Me ha venido a la mente aquella vez que quedé con un chico con el que hablaba por un chat. Salí tan traumatizada de aquella cita que me olvidé por completo de volver a conocer a alguien de ese modo. Para que os hagáis una idea, yo había quedado con un hombre de casi metro noventa, profesor de gimnasia y que tenía tan buen corazón que participaba como voluntario en una asociación de exdrogadictos. Sin embargo, lo que me encontré fue, e intentaré ser lo más políticamente correcta posible: un señor de casi metro noventa muy poco atractivo, que en su momento había sido profesor, lo expulsaron por drogadicto y ahora iba voluntariamente a desintoxicarse (se ve que antes no quería ir).

En fin, ya está bien de estar sola. Me acabo de decidir. Voy a tener un gato. Y esto último lo pensé en voz demasiado alta.

- ¿Un gato? –dijo Jon entre risas– ¡Venga, Nor! ¿un gato? –y continuaba riéndose a carcajadas.

- Sí, ¿qué pasa? Yus tiene un perro y Lip un acuario con peces.

- Jajaja, Nor, no quiero ser cruel, pero vas a cumplir treinta, llevas bastante tiempo soltera y quieres tener un gato… No sé si me sigues…

- ¿En serio me estás queriendo decir que voy a acabar como una vieja loca rodeada de gatos?

Jon se tronchaba y los demás hacían el esfuerzo por no reírse.

- A mí no me mires, yo soy alérgica –dijo Marta.

- Jon déjala en paz –le regañó Yus, que es como la mamá de todos. – Yo veo bien que tengas una macota, Nor.

- Menudo apoyo… Lip tiene un novio y todos contentos, yo voy a tener un gato y nadie me dice “¡a ver cuándo lo conocemos!”

Jon se ahogaba de la risa. Lip y Marta ya no aguantaban más y acabaron también tronchándose. Yus y Ben aún ponían resistencia a la carcajada con una leve sonrisa. La verdad es que no se lo tengo muy en cuenta a Jon porque sé que no lo hace con maldad, aunque anoche lo hubiera tirado por la ventana perfectamente. 

viernes, 3 de abril de 2015

5. Mi media naranja está con los calcetines

Ya se está acabando la canción y me he cansado de girar descalza. Más bien, me he mareado y me he tirado en la cama. Me ha dado algo así como cuando sales con los amigos, bebes un puñado, estás increíblemente feliz y, de pronto, ¡pam!, llega el bajón. Es como si la canción me hubiera emborrachado de felicidad y ahora me entra toda la depre. Así que me ha dado por pensar. Me siento sola. Nos pasamos toda la vida esperando a nuestra media naranja y a esta parece que se le han escapado siete autobuses por lo menos. Hay veces que nos imaginamos cómo será conocer a ese chico y pensamos en alguna escena de alguna comedia romántica que nos mole bastante. Yo, que soy muy clásica, me imagino a la soledad como un malvado dragón que rodea mi apartamento de 40 metros cuadrados y entonces llega mi príncipe azul a asestarle una puñalada mortal y me hace feliz para siempre. Sí, ese príncipe que llega en un Audi, trae perdices y, encima, ¡sabe cocinarlas! Porque, claro, yo con mi sueldo solo como pastas y arroces...

En fin, me he cansado de buscar a mi media naranja. Sinceramente, a mí nunca se me dio bien encontrar nada. He perdido miles de bolis, libros, calcetines, pulseras… Creo que igual que la lavadora absorbe mi ropa o el suelo se traga los bolis cuando se me caen, algo ha debido de chuparse a mi media naranja y tiene que estar allí donde está todo lo que pierdo y no encuentro. En serio, creo no encuentro a mi media naranja porque está con todos esos calcetines que se ha tragado la lavadora.

Ahora suena en mi lista musical Build me up buttercup, de The Foundations, que también tiene un ritmo que es la leche, pero no es tan optimista como I’m a believer. Esta canción creo que es un poco como yo, triste, pero con un ritmazo divertidísimo. So build me up, build me up, Buttercup, don't break my heart…


4. El pediatra y su afición

Desastrosa. Mi cita de hoy ha sido desastrosa. Mira que le dije a Yus que este tío no era para mí, pero ella se empeñó en que teníamos muchas cosas en común y que era una persona estupenda, así que, decidí darle una oportunidad y hoy hemos quedado para comer. El susodicho se llamaba Fran y trabajaba en el hospital de Yus en la sección de pediatría. La verdad es que era muy guapete y eso de que curase niños lo hacía como muy mono, pero, no sé, tenía algo en la expresión de su cara que me hizo saber que no encajaríamos desde que Yus me enseñó su fotografía. La verdad es que yo soy muy así de prejuzgar sin ningún motivo aparente, pero también es cierto que no suelo equivocarme. Calo a las personas prácticamente sin conocerlas. Es una especie de don. Además, después de todos los defectos y la mala suerte que Dios me ha dado, ya estaba bien que tuviera algún poder especial, al menos para tener un poco equilibrada la balanza virtudes-defectos… pero, bueno, hablemos de mi cita.

La cuestión es que al principio iba todo muy bien: le gustaba la lectura, la música de los 60, 70, 80 y 90, la comida japonesa, el arte, montar en bici, y bastantes cosas más que, como decía Yus, tenía en común conmigo. Pero, de repente, que es como llegan todos los desastres, va y suelta que cuando no está salvando vidas infantiles le gusta ser torero. ¡Joder! ¡Torero! ¿Cómo le puede gustar matar animales a un pediatra?

Mira que lo vi en la foto que este tío no estaba muy bien de la cabeza. Yo soy ultradefensora de los animales. Los defiendo tantísimo que todavía no tengo ninguno porque creo que hay que estar muy capacitado para cuidar de ellos. ¡Llevo un año documentándome para tener un gato! ¡Joder! No podía creer que Yus me hubiera presentado a un torero. Cuando llegué a casa lo primero que hice fue llamarla para contarle la perversa afición de su amigo. Ella se rio, como siempre, y me dijo que no sabía nada de ese "perverso hobbie". También me dijo que no era para tanto, que podía seguir conociéndole. Yo le dije que si quería que cogiera a Tobi, su perro adorado, lo mareara, lo matara lentamente y le cortara las orejas. Me colgó.

Para quitarme el disgusto de encima me descalcé y me puse mi lista musical de los 60. La primera que sonó fue I’m a believer, de The Monkees, que es una canción muy positiva y tiene un ritmazo alucinante para bailarla descalza.



jueves, 2 de abril de 2015

3. De vuelta a casa

Hoy nos hemos pasado toda la noche discutiendo sobre temas profundísimos que no han llegado a ninguna parte. Las personas somos así, nos pasamos horas y horas charlando sobre cosas que nos hacen interesantes pero, al fin y al cabo, cosas que no nos interesan realmente lo más mínimo. Sí, tú y yo somos muy conscientes de toda la agonía y miseria que nos rodea, pero nuestras efusivas conversaciones no arreglarán nada.

Yus decía que ella siempre intenta dar algo a los pobres que ve por la calle, pero que cada vez veía más y no podía darles a todos. Creo que intentaba decir que la situación de pobreza se está volviendo insostenible. Yo le he dicho que no vamos a solucionar nada dando limosna a alguien, y no lo he dicho para que sintiera mejor, sino porque realmente pienso que es la verdad. Es duro, pero esas personas están ya fuera de juego, y la única forma de ayudarlas es volverlas a incorporar a este tablero que es el sistema. ¿Cómo? Yus no puede hacerlo sola. Yo tampoco. Supongo que este es un tema que me supera.

Os juro que si supiera que de alguna forma voy a solucionarles la vida, lo haría, pero no tengo el poder para hacerlo. De verdad que me molesta la situación, y lo paso fatal cuando voy por la calle y les veo y me miran y no quiero ser indiferente, pero, ¿qué puedo hacer? Como ocurre con todo en la vida, con el paso del tiempo acabará normalizándose, si no lo ha hecho ya, y un mendigo terminará formando parte del decorado urbano como una farola o una papelera. Acabaremos automatizando la situación. Yo cada vez me extraño menos de ver a una persona durmiendo en la calle. Y es muy triste.

2. Los comensales de las cenas de Yus

Yus es una amiga de hace bastantes años. Nos conocimos en el instituto. Ella era una de esas chicas súper amables con todo el mundo y yo, la verdad, era muy nueva y muy poco sociable. Ella fue la única que me habló y estuvo conmigo en esos primeros días, bueno, y siempre, porque nunca he sido de tener muchas amigas… suelo ser bastante introvertida y desconfiada. Cuando Yus entró en la facultad de enfermería y yo me decanté por las letras me sentí bastante sola. 

Hace casi cinco años que las dos terminamos ya los estudios. Yus enseguida entró en un hospital donde conoció a Ben, así que hoy día Yus es una tía de estas con novio, con una casa en condiciones y una vida organizada. Es la típica tía a la que darías una patada en la boca porque su vida te parece tan feliz y tan perfecta que te da hasta náuseas, pero es tan encantadora y es tan tu amiga que solo puedes quererla. Yo tengo un trabajo basura de redactora por el que apenas cobro para llegar a la tercera semana del mes, pero bueno, voy sobreviviendo. En fin, por otro lado, está Ben, su novio, que es un médico bastante simpático, así, del rollo de Yus. Como os decía, son la pareja perfecta. Con deciros que su canción es “Sugar, sugar” de The Archies, os lo digo todo. Os la pongo aquí por si no la conocéis.


Casi todos los fines de semana Yus y Ben hacen cenas en su casa porque son muy de ser anfitriones y, yo creo, que porque todavía no tienen hijos. Pero no creáis que voy sola a cenar con ellos en plan sujetavelas, también van otros individuos que, como yo, son palomita suelta. Es el caso de Marta, Lip y Jon. Marta es una chica ultra súper optimista. Le encanta su vida de soltera y le encanta la vida en general. Es la típica que se levanta y da los buenos días al mundo por Facebook. Trabaja de dependienta en una tienda de ropa y adora su trabajo. Dice que se siente bien viendo cómo otras personas se gastan fortunas en prendas que le sientan horrible. 

Luego está Lip, que es gay y en realidad se llama Felipe pero lo odia, así que le llamamos Lip. Sus padres le obligaron a estudiar derecho, pero no ejerce. Su verdadera pasión es la moda capilar. La verdad es que se lo ha montado bastante bien, ha llegado a ser un peluquero de esos que tienes que vender un riñón para pagarle el corte de pelo. Por último nos queda Jon, que es un tío bastante inteligente pero, como decía Neruda, muy amante del «amor de los marineros, que besan y se van, que dejan una promesa y no vuelven nunca más». Trabaja en la empresa de su padre, no sé exactamente qué hace, solo sé que es empresario.

Y ya está, estos son los comensales de las cenas en casa de Yus. Puede que en ciertas ocasiones os tenga que presentar a alguno más, ya que Yus y Ben se han propuesto encontrarme una pareja. Pero bueno, yo no me hago muchas ilusiones, ya veremos qué pasa…

miércoles, 1 de abril de 2015

1. Controversias lingüísticas

Para empezar, diré que me llamo Nora y que el lenguaje es un hijo de puta. Lo he visto, os lo aseguro, he visto cómo funciona, cómo se mueve, cómo manipula. Es un auténtico cabrón. Yo estaba encantadísima diciendo a todo el mundo que vivo en un acogedor loft en el centro con cocina americana, porque eso fue lo que me dijo el de la agencia, y eso fue lo que me cautivó y lo que cautiva a todas las personas que al oírlo me creen una mujer moderna. Lo malo es que también se puede decir de otra forma: en lugar de vivir en un acogedor loft en el centro con cocina americana, puede que sobreviva en aproximadamente cuarenta metros cuadrados, en medio de semáforos y pitidos y, encima, por si fuera poco, con una cocina enanísima. Así es como se las gasta el lenguaje. Con sus letras y combinaciones va cambiándonos la vida.

Es un poco el rollo del vaso medio lleno o medio vacío. ¿Que cómo veo el vaso? Pues de unos cuarenta metros cuadrados más o menos. Hoy no me pilláis con buen pie… Y es que yo creía que era una chica moderna, independiente, que vivía a su manera, una bohemia, que suena la mar de bien, pero resulta que no tengo un duro, vivo en un cuchitril y mi trabajo es más inestable que la casa de paja de los tres cerditos. Además, el año que viene cumpliré treinta años y sigo soltera y, tal y como está el patio, sin esperanzas de dejar de estarlo. Bueno, por lo menos sé que no soy una pesimista de esas, que suena fatal… Según Benedetti, soy una optimista bien informada, que suena muchísimo mejor.