jueves, 29 de octubre de 2015

28. Allí donde la comida sabe mejor

Jon me recogió a eso de las dos y fuimos a comer al restaurante mejicano que hay junto a su oficina. Durante el trayecto nuestra conversación no excedió los límites del "hola", "¿qué tal?" o "¿puedes pasarme las gafas de la guantera?". La tensión se palpaba en el ambiente, parecía que en cualquier momento iba a ocurrir algo irremediable, que íbamos a llegar a un punto de no retorno. Entonces aparcó y nos bajamos del coche. Una vez sentados en la mesa, los interrogantes brotaban por sí solos.

- Bueno, -comencé yo- ¿qué va a pasar ahora?

- ¿Tú me lo preguntas? Yo no soy el que tiene pareja.

- Querías hablar, ¿no? Algo tendrás que decirme. -le contesté.

- Iba a hacerte, aunque de una manera más delicada, la misma pregunta que me has hecho tú a mí, pero ya que te has lanzado, podríamos resolverla y una tarea hecha.

Estaba muy serio. Se giró en la silla y llamó al camarero. No me consultó siquiera qué querría tomar yo, directamente hizo sus peticiones al hombrecillo de blanco y negro y volvió a dirigirme su mirada inquietante.

- Créeme que va a gustarte lo que he pedido, conozco bien este lugar -dijo ya algo más relajado-. Entonces... dime, ¿qué piensas? Me muero de curiosidad.

- No lo sé, Jon. Todo esto ha sido muy repentino. Yo quiero a Lucas, es a quien siempre he querido, pero llevaba tanto tiempo sin verte y tú parecías tan cambiado y yo estaba tan decepcionada con mi vida a su lado que no sé qué ha pasado, no lo sé, no lo sé...

- Ben y Yus lo sabían. Siempre han sabido que tú me gustabas, desde que teníamos diecinueve años y estabas loca por Lucas en la universidad. Lo pasé muy mal cuando empezaste en aquel entonces a salir con él, y es cierto que me alejé y ya solo quedábamos cuando hacíamos las cenas en casa de Yus. -se detuvo y dio un trago a la cerveza que acababan de servirnos- Ben y Yus fueron los primeros en irse a vivir juntos, ¿te acuerdas? Eran muy jóvenes... ¿veinte tenían?

- Recién cumplidos creo...

- Sí... Yo veía como ellos hacían su vida y tú con Lucas y, bueno, hasta ahora he estado con muchas mujeres, ya lo sabes, pero...

- Espera -le interrumpí-. Lucas me dejó, se fue con otra y a los pocos años se casó con ella. Todo ese tiempo yo he estado sola dando tumbos y nunca me has dicho nada. ¿Por qué ahora que él ha vuelto? ¿Por qué ahora?

- Para cuando él te dejó yo ya era otra persona, Nora. No quería preocupaciones, ni ataduras, ni nada... y además lo había pasado fatal por ti, no quería volver a eso y acabar rompiendo con el grupo. Seguí mi vida y punto, pero ahora las cosas han cambiado. Cuando me enteré de que él volvía a entrar en tu vida y de que encima ibas a irte a vivir con él, no lo podía soportar. La otra noche en la fiesta con Lip y Marta, al saber que te estabas quedando en casa de ella, comprendí que era mi oportunidad. Como ya te dije, era ahora o nunca.

- Yus  nunca me dijo nada... No lo puedo creer... Yus me lo contaba todo...

- A mí tampoco me dijo nadie que Yus se llamaba en realidad María Jesús.... -intervino sonriendo.

- ¿Lo sabes? ¿Cómo lo has sabido?

- Es una larga historia, ahora no importa. Ahora solo me importas tú.

Se hizo una pausa muy incómoda. El camarero estaba sirviéndonos los platos de comida en la mesa mientras Jon y yo nos mirábamos en silencio. La risa nerviosa empezaba a asomarse por mis comisuras cuando él puso su mano sobre la mía y me dijo:

- Que la tierra se trague todas las mesas que tenemos alrededor en este maldito restaurante y que solo quedemos tú y yo. Eso es lo que estoy pensando. Solo pienso en estar a solas contigo. Lo pienso todo el tiempo, a todas horas. Y tú, ¿qué piensas? Porque esta comida sabe muchísimo mejor en mi sofá, en mi cama o en mi cocina. Donde tú quieras.

Y tenía razón, la comida en su sofá sabía muchísimo mejor.


jueves, 1 de octubre de 2015

27. ¿Amor o enamoramiento?

¿Y ahora qué? Después del subidón de la otra noche solo podía esperar la mayor de las caídas. ¿Cómo he podido acostarme con Jon? ¿Cómo he podido hacerle esto a Lucas? Yo era de esas personas que rechazaban taxativamente cualquier acto de infidelidad, era de las que creía en el amor para toda la vida y de las que esperaba que por estas fechas ya estuviera casada y con unos niños adorables. Pero claro, nunca antes había vivido con un hombre. El paso de la convivencia siempre había quedado demasiado lejos para mí, así que ninguna de mis relaciones había trascendido más allá de la primera fase, a saber, la fase de las mariposas, del encantamiento, de si vienes a las cuatro, como decía el Principito, soy feliz desde las tres.

Yo jamás había experimentado la parte de puertas abiertas, del chorrito de pipí que se oye en el baño, de los gases inesperados, de los despertares amargos, de la falta de sexo por cansancio. Nunca habría imaginado que los harapos de ropa vieja se convertirían en el modelito de la noche, que ya no me importaría ir sexy o no por la casa, tener el pelo destartalado o llevar la cara desencajada.

Creo que he leído tantas novelas y he visto tantas películas románticas que he llegado a confundir la ficción con la realidad. El amor para toda la vida puede ser real, pero, desde luego, el enamoramiento eterno es ficción.

- Chica, a mí no me gusta el amor, lo mío es el enamoramiento. -me decía Marta- Yo no llego a la fase de los pedos. En el momento en que uno de los dos se atreve a cagar en casa del otro, es el momento de dejar la relación. El amor da asco.

- Pero el enamoramiento es una especie de encantamiento pasajero, entonces jamás estarás con alguien en serio para toda la vida.

- ¿Por qué solamente tiene que ser serio lo permanente? Tú eres pasajera, yo soy pasajera, todos lo somos y no por ello nuestras vidas no son importantes para nosotros. El cine ha hecho mucho daño. Obviamente, las personas como yo sacrificamos la seguridad del para siempre a cambio de los nervios en el estómago, pero es algo que estoy dispuesta a pagar por vivir cada vez que me apetezca la adrenalina de la incertidumbre. Yo estoy en serio con todos los hombres con los que estoy, porque todos despiertan algo increíblemente pasional en mí y en ese momento no quiero estar en ningún otro lugar que no sea en ese.

Esas últimas palabras retumbaron en mi cabeza. Eran las mismas que me había dicho Jon en la cama. ¿Y si Marta llevaba razón? ¿Y si yo era como ella o como Emma Bovary? Quizá no estaba hecha para el amor, sino para el enamoramiento. Quizá yo también estaba dispuesta a abandonar el para siempre por sentir una vez más el hormigueo de lo desconocido, pero aún no lo sabía. ¿Dónde quería estar ahora? ¿Con Jon? ¿Con Lucas? ¿He de contarle a Lucas lo ocurrido?

- Sé lo que estás pensando y no, no debes contarle nada a Lucas. Dar tantas explicaciones es un gasto de energía innecesario. Déjalo y punto... o bueno, piénsalo, haz lo que tú quieras. Sabes que puedes quedarte en mi casa el tiempo que necesites, pero hagas lo que hagas, no busques un problema entre Lucas y Jon.- dijo Marta mientras salía de casa para irse a trabajar- ¡Por cierto! Tu gato ha hecho pis fuera de su caja. Límpialo y controla a ese bicho.

Mi teléfono comienza a sonar. Es Jon. No sé si cogerlo. Estoy muy nerviosa. Deja de sonar. Respiro. Llega un whatsapp: "Tenemos que hablar. Paso por casa de Marta al medio día y comemos juntos". Yo no sé qué les pasa a todos los hombres de mi vida que siempre hacen planes conmigo sin consultarme. De momento voy a relajarme en la ducha y ya pensaré después si seguiré aquí para entonces o no.


martes, 22 de septiembre de 2015

26. El tercero en discordia: parte II

La actuación del novio de Lip empezaba a las siete de la tarde. Todos habíamos quedado a menos veinte en la puerta del teatro, pero eran menos cinco y Jon aún no había llegado.

- Igual ni viene.- dijo Lip.

- Llega tarde como siempre, solo eso. Esperemos unos minutos más, tenemos que darle su entrada.- le contestó Marta.

- ¡Tenemos que entrar ya! Óscar va a empezar y no quiero que vea que no estamos.

- Entrad vosotros. -les sugerí- Yo esperaré aquí a Jon con su entrada para que pueda pasar. De verdad, no os perocupéis, sabéis que los trucos de magia no me entusiasman en exceso... ¡Venga, entrad! Ahora vamos nosotros cuando llegue Jon.

- Sin en diez minutos no ha llegado, pasa y olvídate de él. Alguien debe darle a ese hombre una lección de puntualidad.- me dijo Lip con ese tono suyo característico de mamá enfadada.

Lo esperé casi veinte minutos, pero no apareció. Cuando el numerito del mago llevaba ya más una hora, Marta recibió un whastapp y salió. A su regreso, traía a Jon tras de sí. Lip lo fulminó con la mirada y yo lo miré como no lo había mirado nunca. Estaba muy cambiado, se había dejado la típica barba de unos días y tenía el semblante como mucho más serio. No es que hubiese tenido un cambio físico muy relevante, era más bien una especie de cambio interior que se reflejaba en cada movimiento de su cuerpo. Me dijo "hola" sin pronunciar palabra, simplemente con el movimiento de sus labios, y seguidamente se sentó justo detrás de mí. Ya no pude parar de pensar en él en todo el teatro.

- ¿Qué tal con Lucas?- me preguntó durante la inauguración.

- Bi..bien, bueno...-tragué el saladito que tenía en la boca- más bien regular.

- ¿Ah, sí? Cuenta, cuenta... Ya decía yo que qué hacías tú en casa de Marta...- intervino Lip.

- ¿Te has ido de su casa?- preguntó Jon.

- Sí, bueno, no sé, por unos días, estaré en casa de Marta para pensar y eso... Voy un momento al baño.

No tenía que ir al baño, pero acababan de revivir las mariposas de mi estómago. Estaba de lo más nerviosa, sobre todo cuando se dirigía a hablarme directamente a mí y me miraba a los ojos de esa forma tan penetrante. Por un momento nos había imaginado a los dos haciendo el amor ahí mismo como si no hubiese nadie en la sala. Tenía que irme, tenía que salir de allí. No podía pasarme esto justo ahora. Yo había estado toda mi vida queriendo estar con Lucas, lo quería, estaba loca por él, pero ahora algo no encajaba y Jon estaba ahí para colocar la pieza que faltaba.

Lo tenía decidido, iba a irme a casa con Lucas en ese mismo momento, iba a hablar con él y a intentar arreglar lo que fuera que nos pasase, pero nada más abrir la puerta Jon me estaba esperando. Me cogió por la cintura, entró en el baño y cerró el pestillo.

- Es ahora o nunca. Dime que me vaya y me voy.

Me cogió las manos, me puso contra la pared y volvió a repetirme mucho más despacio y demasiado cerca:

- Dime que me vaya y me voy.

Yo respiraba muy deprisa. Tenía que decirle que se fuera, no podía hacerle eso a Lucas, me sentía fatal, pero no quería que se fuera, no lo quería, lo quería cada vez más cerca y más cerca.

- Es la última vez. Voy a besarte. Dime que me vaya y me voy. Dímelo.

Lucas ya no estaba en mi mente. Ahora tenía la imagen de Ana Karenina vencida en los brazos Vronsky, rendida ante los besos de su amante. Ya no había marcha atrás. Ese primer beso prohibido es el beso que mejor me ha sabido en la vida. De ahí nos fuimos a su casa. Nos arrancábamos la ropa como si nos deshiciéramos del mundo, como si nos quitásemos el peso de la sociedad de encima e hicimos el amor como si fuera la primera vez para los dos.

- ¿Por qué nada en esta vida llega a tiempo? ¿Por qué siempre todo llega en mitad de algún berenjenal?- dije en voz alta a modo de pregunta retórica. 

- Nada puede llegar a tiempo porque el tiempo no existe, es una ilusión. Es una ficción hiperrealista creada por el miedo del hombre, por ese pánico innato a la incertidumbre de la atemporalidad. Lo único importante es que ahora estamos aquí, porque siempre es ahora, es ahora o nunca; todo lo demás, o dejó de existir, o todavía no existe. Por eso nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto, simplemente es ahora. La cuestión es ¿querrías estar ahora en cualquier otro sitio que no fuera este?


25. El tercero en discordia: parte I

Después de estos tres meses viviendo juntos, no consigo revivir a las mariposas que se alojaron en mi estómago meses atrás. No sé qué demonios me ha pasado. Cuando nos reencontramos yo estaba completamente loca por él, tan loca como lo estuve hace seis años cuando decidió irse con otra, pero la medicina a esa locura fueron tres meses de convivencia.

Tras la discusión estéril que mantuvimos acerca de la pasta de dientes y su manejo, levantamos el muro de Berlín y dormimos en habitaciones separadas. Después de la segunda noche de soledad, decidí llamar a Marta y ser su huésped unos días para poder distanciarme y pensar con más claridad en lo que nos estaba ocurriendo.

- Llámame cuando te apetezca, entiendo que estamos pasando por un mal momento y que esto nos puede venir bien para echarnos de menos. Yo sé que te voy a echar de menos.- me dijo justo antes de salir.

- Sí, hablaremos.- le contesté yo.

Cerré la puerta y sin pensar demasiado bajé hasta el portal donde Marta me estaba esperando con su nuevo Ford Fiesta rojo.

- ¿Has visto mi nuevo carruaje? O más bien, mi nueva hipoteca... El día que no pueda pagar el alquiler del piso esta carroza será mi casa...

- No digas eso, a ti nunca te ha faltado el trabajo... Tienes muchas dotes de venta y persuasión... ¡Eres implacable endosando vestidos terriblemente caros!

- ¡Oh! ¡Qué mona eres! Me alegro un montón de que me hayas llamado, tenía ya ganas de verte... La verdad que a ti y a casi todos... Desde que murió el hermano de Yus el grupo se ha ido al traste. ¡Eh, tú, capullo del Mercedes, está en verde desde ayer! -le dijo al del coche de delante tras una larga pitada- Bueno, como te decía, eso, que todo a la mierda. Yus ya no queda con nadie, por Ben me enteré de que están intentando tener un hijo y están teniendo muchos problemas para concebir y tal, lo que la está deprimiendo aún más, no permite que nadie se le acerque... ¡Buah! ¡Un lío gordo! Lip ya lo conoces, cuando tiene pareja desaparece... que, por cierto, el novio que tiene ahora es mago, actúa esta noche en el teatro, podríamos ir a verlo y salir después a tomar algo. Cógeme un cigarrillo del bolso, porfa.

 Bajó un poco la ventanilla, se encendió el cigarrillo y continuó.

- Pues eso, como te decía, todos perdidos. Bueno, y Jon rarísimo. Se pilló un rebote cuando te fuiste a vivir con Lucas que no era normal... Vale que a ninguno nos hizo gracia que volvieras a salir con ese capullo, pero Jon era como si tuviera un enfado diferente, como de un enamorado, ¿sabes?

- ¿Jon enamorado de mí? ¿Insinúas eso? Espera, lo primero impactante es ¿Jon enamorado? Es un amante de las mujeres, se da a todas por igual, seguramente malinterpretarías su frustración como amigo, ya está.

- No sé, sabes que siempre he tenido bastante ojo para los hombres... pero bueno, lo importante es que hemos llegado a mi humilde castillo.

Nada más subir a su piso descolgó el teléfono y llamó a Lip y a Jon. Tras unos minutos de jiji-jaja, se dio media vuelta y me dijo:

- Nena, nos vamos de compras que esta noche hay que ir elegante. Después de la actuación el novio de Lip nos invita a todos a la inauguración del salón de fiestas que han abierto justo encima del teatro.

- Yo me pondré lo que sea... Estoy en paro, Marta.

- En unos meses es tu cumpleaños, ¿no? Iba a comprarte algo de ropa como siempre... te compro hoy un vestido y te das por regalada, ¿vale?

Y dile tú que no. Los "¿vale?" de Marta son como las preguntas retóricas de los poetas, ella las introduce en su discurso a modo de ornamentación, porque en verdad la contestación que vayas a darle le importa un reverendo pimiento.

En la tienda suena una canción de estas de hoy en día, de las modernas, y la verdad es que esa en concreto me ha gustado bastante.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

24. La pasta de dientes que colmó el vaso

Este verano ha pasado como pasan la mayoría de las cosas en la vida: jodiendo y sin preguntar. Como supongo que recordaréis, me quedé en paro hace unos meses, lo que no os conté es que cuando ya había llegado el momento de dejar mi apartamento y hacer esa llamada de regreso a mis padres, Lucas me pidió que me fuese a vivir con él. Obviamente, al principio me hice la remolona para no parecer una desesperada, pero en mi cabeza no existía ni la más mínima idea de rechazarle. Total que mi gato y yo acabamos en su piso.

Todo iba sobre ruedas. Él trabajaba y yo me encargaba de las tareas del hogar. ¿Es lo justo no? Él paga el establo y yo limpio las cuadras. Y no penséis que lo digo con retintín, la verdad es que, aunque la limpieza nunca había sido mi fuerte, ahora incluso parecía que me divertía. Trapo, escoba, música y acción. Me había convertido en la perfecta ama de casa. Todo estaba bien, pero tarde o temprano siempre flotan nuestras carencias. Si algo he aprendido en todo este tiempo, es que lo que más pesa es el vacío. Un padre llevaría gustoso a su hijo hambriento una cesta con ocho kilos de alimentos, pero le pesaría en el alma que esa cesta estuviese vacía. Algo así es lo que me ha acabado pasando a mí con el trabajo. Al final ese vacío interior, esa inactividad, ha pesado más que cualquier cosa y mis ánimos han ido cambiando periódicamente.

Acabé con los niveles de irascibilidad por las nubes. Una cosa llevó a la otra y un buen día llegó la pasta de dientes que colmó el vaso. Me dijo que estaba loca, que cómo era posible que tuviera mi casa siempre tan desordenada y que no soportase que él apretara el tubo de la pasta de dientes justo por la mitad ¿Pero qué tendrá que ver una cosa con la otra? ¿Por qué mezclará churras con merinas? Que el ser humano apriete el dentífrico por todo el medio del tubo como si no pudiera resistirse me parece algo tan primario y decadente que no puedo soportarlo. Es como si la pasta de dientes ganase la batalla, como si su asquerosa inteligencia humana no pudiese aguantar la tentación de estrujar la parte más gordita y blandita del envase. Somos la única maldita especie incapaz de no explotar el plástico de burbujas. Eso dice mucho de nosotros.

Y dice que yo siempre he vivido en el desorden, como si eso no fuera loable. Pues él no puede vivir en el desorden, teme al caos, yo no. Y creo que es muy digna la capacidad de vivir en el descontrol. Y cuanto más pienso estas cosas, más me doy cuenta de que necesito un trabajo ya para dejar de pensarlas. De momento yo estoy durmiendo en una habitación y Lucas en otra. Tengo que ocupar mi mente. Trapo, escoba, música y acción.



martes, 16 de junio de 2015

23. Estar parado

Lo peor de estar parado es que el mundo no se para. De repente te conviertes en un desocupado que ya no tiene nada relevante que hacer en todo el día; porque, claro, tu alarma ya no suena a primera hora de la mañana ni corres de un lado a otro para no llegar tarde a no sé qué sitio. Así que dejas de parecer importante. Por no hablar del vocabulario que a partir de ahora dejarás de utilizar y que, en su momento, te hacía una persona de lo más ocupada. Son frases como: "estoy reunido", "tengo que acabar unas cosas con urgencia", "estoy terminando un proyecto" u "hoy no saldré hasta tarde". Todas ellas hacían mención a lo útil, importante e imprescindible que eras en el mundo laboral, pero ya no.

Ahora te sientes inútil e insignificante. Tu autoestima está por lo suelos. Crees que no vales para nada. No encuentras tu lugar y no sabes qué hacer con tu vida. Entre tanto, el mundo no se para: la gente sigue corriendo a sus trabajos y diciéndote que no va a hacer planes porque está muy cansada después de todo el día. A ti te encantaría poder decir eso, pero formar parte de los cuatro millones de parados que alberga tu país es algo que te lo imposibilita.

Lo peor es lo que he dado en llamar el "cansancio hogareño". Es ese que te da de estar en tu casa. Te pasas el día encerrado y estás profundamente decaído, débil, como si te hubieses pasado la jornada picando piedras. Aunque muchas personas no lo entienden, yo he llegado a entenderlo. Y es que, sostener sobre tus hombros todo el peso de una casa que se desploma durante veinticuatro horas día tras día, no está pagado. Creo que nadie comprende de verdad la expresión de que la casa se te cae encima hasta que no se encuentra sin trabajo.

El otro día en la parada del bus un niño leía un cartel de propaganda política que decía que había que salvar a todos los parados. El pequeño, que era muy pequeño, preguntó a su madre qué era un parado. La madre, mujer trabajadora de pocas palabras, le contestó que era alguien que no iba a trabajar todas las mañanas como iba ella. Qué curiosa la manera en la que lo reducimos todo. Es como cuando decimos la palabra 'crisis'. La hemos dicho tanto que ya la hemos desgastado. Ha perdido prácticamente el sentido. Crisis. Crisis. Crisis. Pero, ¿qué es la crisis? Es un vocablo de tan solo dos fonemas que alberga una brecha insalvable entre las clases sociales. Es un término de apenas dos sílabas que contiene suicidios, familias perdiendo sus casas, niños pasando hambre y cientos de miles de personas pidiendo y durmiendo en las calles. ¿Cómo puede caber tanta desgracia en una expresión tan minúscula?  Decir 'crisis' es despersonalizar los problemas individuales. La crisis es un conjunto de personas con serias dificultades para sobrevivir y eso es lo principal.

Lo mismo ocurre con los parados. No, buena mujer, estar parado no es solo no tener trabajo. Estar parado es no tener motivación, es no tener por qué, es sentimientos de inutilidad, de fracaso, de estancamiento, de impotencia, de desesperanza. Es sentirse anclado en un puerto del que ya zarparon todos los barcos.



martes, 9 de junio de 2015

22. La mierda

El otro día pisé una mierda y me he quedado sin trabajo. No tiene nada que ver una cosa con la otra, pero me gustaría aprovechar la ocasión para desmontar esa teoría seudocientífica, fruto de la investigación milenaria popular, que acuña con vehemencia que pisar una mierda es suerte. ¿Suerte? Jaja. No. Pisar una mierda es pisar una mierda con todo lo que eso conlleva. Puedes llamarlo como quieras: hollar unas heces, conculcar un excremento, comprimir evacuaciones... y de cientos de formas más que existen para decir algo sin que lo parezca, pero siempre estarás pisando una mierda. Es algo así como cuando hablan los políticos. Seguramente un político que tiene a su pueblo pisando mierdas les diría, por ejemplo, que allanan deposiciones, que parece que suena hasta a hacer algo importante. Desde luego, una se queda asombrada de las muchas maneras que hay de decir que llevas los zapatos llenitos de mierda.

¿El trabajo? ¿Qué queréis que os diga? Me sorprende mucho más pisar una mierda que quedarme en el paro. En este país es el pan (que nos falta) de cada día. Para que la gente se entere: esta situación no es una prima de riesgo, ni una recesión, ni una época de austeridad (suena de maravilla, ¿verdad?), ni tan siquiera una crisis (la palabra más temida de los políticos); no, esta situación es una mierda. Con su 'm', su 'i', su 'e', su 'r', su 'd' y su 'a'. Vamos, una mierda con todas y cada una de sus letras.

¡Ay, señor político! Más alto ya no he de subir y esto me hace sufrir. Yo quiero ser político como tú y de la vida gozar. Como político yo quiero vivir ¡ser tan pobre me va a aburrir! ¡Oh! Dubidú, quiero ser como tú. Quiero andar como tú, hablar como tú, dubi dubi du ba du...



jueves, 21 de mayo de 2015

21. La sala de espera

Llevo toda la semana sin dormir. No sé qué demonios me ocurre ahora. Sí, ya sé que tengo un trabajo de mierda y he visto cajas de arena para gatos más grandes que mi casa, pero eso es así desde hace mucho tiempo y había aprendido a vivir (y a dormir) con ello. No es tampoco por Lucas, con él parece que las cosas marchan bien... a su manera, pero bien al fin y al cabo. Es, no sé... no sabría cómo decirlo... es como si de repente hubiese perdido el interés por todo.

Anoche recibí un mensaje de Lucas que decía: "en una hora voy a presentarme en tu casa por sorpresa". La verdad es que después de lo de la última vez, me hizo reír. Pero yo no tenía el ánimo como para ver a nadie, así que le dije que podría sorprenderme otro día... quizá el viernes a las nueve para cenar... o quizá el sábado a las siete para dar un paseo... 

Hizo caso omiso. En una hora se presentó en mi casa tal y como me había anticipado. De nuevo yo estaba con mis harapos totalmente desaliñada y sin gracia; con la diferencia de que esta vez no me preocupaba.

 Hola le dije nada más abrir creo haberte dicho que prefería vernos...

 Sí, sí, y me has dejado desconcertado me interrumpió porque no sé para qué me contestas si yo no te he hecho ninguna pregunta, solo te he informado de que venía.

Me dio un beso y entró. Este tío es para hacer un documental sobre el sexo masculino. Ya me lo estoy imaginando: "como podrán observar, se trata de un espécimen que refleja las características del macho dominante. En sus hábitos de apareamiento, este ejemplar de hombre ibérico marca su territorio a través de una serie de actuaciones que la gente de a pie ha denominado 'hacer lo que le da la gana'. La hembra, totalmente paralizada, es cautivada por estos encantos..." 

– ¡Ey! ¿Se puede saber qué te pasa? Te quedas embobada, como pensando en algo... ¿Quieres contármelo?

 Lucas, ya te había dicho que prefería quedar otro día. La verdad es que no me encuentro muy bien... estoy algo decaída, no sé... ¿Qué es lo que quieres? ¿A dónde va todo esto?

 ¿Estás así por mí?

 No, no... A ver... No exactamente... Es por todo en general. Tengo veintinueve años, y sé que soy muy joven, lo sé, pero siempre había creído que para los treinta estaría casada en una casa preciosa con un marido estupendo y unos hijos preciosos. A la vista tienes todo lo que he conseguido. Me he hartado de la vida. Es una mierda. Mi trabajo es precario, a estas alturas no tengo ni siquiera un contrato normal. La redactora dimite y el subnormal de mi jefe mete a otra antes que pensar en mí y en todo lo que he tragado todo este tiempo.

 Bueno, a ver, tranquili...

 ¡Pues no! le interrumpí Es que ya lo veo todo falsísimo. Todo. Y todo para morirnos al final. ¿Te lo puedes creer? Es que es horrible. Observo a las personas y me dan ganas de vomitar. Buenos días, buenas tardes, ¿qué tal todo?, bien, bien, bien, pero ¿qué cojones pasa? Nada va bien. Todo el mundo dice que es según veas el puto vaso ese llenado por la mitad, que todo es cuestión de perspectiva... ¡A la porra ya con todo!

Y me detuve para respirar como quien lleva horas y horas caminando bajo el sol sin agua y se bebe una botella entera de golpe. Es probable que con lo pequeño que es mi piso inhalara prácticamente el noventa por ciento de oxígeno de la casa.

 Respira... me dijo Lucas mientras me cogía por los hombros y me sentaba Te entiendo, de verdad, yo tuve esa sensación. Recuerda que me divorcié, perdí el empleo y estuve trabajando como comercial. ¿Hay algo peor que ser comercial? El comercial es el ser más odiado después de la cucaracha y lo sabes. Pero, mírame ahora. He encontrado un nuevo puesto y, además, de lo mío. Merece la pena esperar a ver qué pasa.

 Llevo toda la vida esperando.

 Sí, como todo el mundo, porque la vida es eso, es como estar en una sala de espera continua. Siempre estamos esperando algo. Y en toda sala de espera al principio te sientas erguido y de manera adecuada, pero conforme va pasando el tiempo te vas deslizando hacia abajo, vas volviendo a incorporarte, y otra vez hacia abajo, y de nuevo te pones derecho, y luego cruzas una pierna, y luego te haces hacia la derecha, y luego hacia la izquierda... y así según el grado de desesperación. Al parecer tú ya te has caído de la silla y estás tirada en el suelo esperando tu turno, pero esa no es una forma socialmente aceptable de esperar.

Menuda metáfora que se ha montado. Se ha puesto serio pero de verdad. Cuando se pone a filosofar es increíble. Lo cierto es que creo que le encuentro el sentido a lo que dice. Me ha gustado. Y me gusta mucho más él y me alegro de que esté aquí y de que no me haya hecho ni el más mínimo caso.

 Ahora estás muy callada. ¿Ya te has desinflado, globito?

Le sonreí porque realmente me hizo reír. Y él me sonrió. Y yo no sé si fue lo de "globito" o su sonrisa, pero creo que ha sido el segundo más estúpido y feliz de mi vida.

 Voy a preparar un baño, te arreglas y nos vamos por ahí a cenar. me dijo mientras se incorporaba y encendía la música, porque él sabe que yo no hago nada en la vida sin mi música... y ahora ya tampoco podré vivir sin él.




lunes, 11 de mayo de 2015

20. Sorpresa

Odio las sorpresas sin previo aviso. Y no, no me digáis que las sorpresas no se avisan, porque sí. Está el típico "mañana te tengo una sorpresa" o "el sábado te he preparado una cosita", entre otras frases premonitoras de eventos especiales que a todas nos hacen la vida mucho más fácil. Porque claro, Lucas está tocando el timbre al otro lado de la puerta, y yo llevo en casa encerrada toda la semana y no me ducho desde hace dos días. Además, voy en harapos, porque ni siquiera llevo un súper pijama de estos sexys de la tele; no, llevo una combinación de ropa vieja que es lo que los de clase media-baja llamamos "el pijama". Pero claro, ponte tú a explicarle esto al hombre de tu vida que ha venido a verte a tu casa por sorpresa.

Un desastre, vaya. Y, por supuesto, no hablemos de cómo estaba el piso. La encimera de mi cocina era una maldita cordillera: una montaña de platos limpios sin colocar, otra montaña de platos sucios sin fregar, una montaña de cartas y folletos del buzón que había almacenado ahí durante semanas... Pero bueno, en esta vida hay que ser valiente, ¿no? Así que le eché un par de narices al asunto y abrí la puerta con mis harapos, mi rostro desmaquillado y mi pelo destartalado. Así, sin más, con una actitud como si no le estuviera rezando a la tierra para que me tragara.

 ¡Uy! ¿Vengo en mal momento? dijo el muy asqueroso con cara de sorprendido. Seguro que lo hizo aposta para que me sintiera ridícula y debilitarme. Él sabe que si me pone nerviosa al final acabo al borde de un ataque de amor en la cama. Es muy listo.

 Iba a ducharme le contesté con una sonrisa de "no me afecta lo que dices, colega".

 Entonces he llegado justo a tiempo.

Y entró en mi piso de la misma manera que en mi cabeza: sin permiso, sin pensarlo y dominando la situación. Me cogió de la mano, me acercó a él y me dijo muy bajito:

 Vete desnudando, yo voy a preparar el baño.

Me dejó totalmente noqueada. ¡Jolín! Hay que ver cómo sabe el tío de estas cosas. En serio, creo que tienen un manual secreto o algo de cómo volvernos absolutamente locas.

 No te pregunto donde está el baño porque seguro que en este pisito no me pierdo dijo ya en voz alta y entre sonrisas.

Le encanta sacarme de quicio, sabe que luego me pongo más agresiva y eso le gusta. El muy capullo lo tiene todo estudiado. Mientras yo sumo uno más uno, él ya te ha hecho una ecuación de tercer grado de desnudo. Para cuando yo averiguo que dos es el resultado, ya estamos los dos en la cama sin ropa. Es imposible no enamorarse de él.

 El baño está listo.

Me había gastado un bote entero de gel para hacer la dichosa espumita de la bañera a lo Hollywood, pero qué bonita quedaba. También había encendido las velas que tengo yo siempre en el baño porque me encantan y había puesto música de fondo con su teléfono móvil. Los dos nos metimos en la bañera y dejamos que nos envolviera el agua, la espuma, el amor y la música.

Sonaba "That's how strong my love is", de Otis Redding, uno de los favoritos de Lucas. Y mío.



domingo, 3 de mayo de 2015

19. La dignidad es un lujo social

¿Sabéis eso que dicen de "hoy no es mi día"? Pues yo voy a lo grande. Eso de tener un día de mierda es de fracasados, lo suyo es tener mínimamente una semana de mierda, que ya parece que es más de bohemios. Y ese rollo se lleva ahora muchísimo, la verdad. Así que esta semana no ha sido la mía. Se podría decir que ha sido fatídica, funesta, nefasta, horrible, terrible, "deprimible"; pero prefiero decir que ha sido una enorme mierda porque suena mucho más sentido, real y sincero.

Toda semana asquerosa tiene una ilusión, un nudo y una depresión. Todo empezó cuando me enteré de que Belén se había ido. Belén es la redactora normal de la revista donde trabajo, y digo "la normal" porque yo hago todo desde mi casa porque allí no tienen una mesa con un ordenador para mí. ¿Queréis que encontremos las siete diferencias?
  1. Bueno, la primera es obvia, ella tiene un despacho en la empresa.
  2. Ella tiene un sueldo digno.
  3. Ella tiene un horario mientras yo tengo que hacer los textos cuando me los pidan y punto.
  4. Ella tiene la última palabra en todo.
  5. Ella aparece como la única redactora de la revista.
  6. Yo no aparezco por ningún lado porque yo solo soy la becaria. Entonces lo suyo es suyo y lo mío también es suyo.
  7. Y ella va a casarse. Esto no tiene mucho que ver con el trabajo, pero me gustaría que vieseis con claridad la estupenda vida que tengo comparada con ella.
La cosa es que cuando presentó su dimisión las nubes del cielo se disiparon y abrieron ante mí un portal de luz donde me veía como ella en aquel despacho, por cierto muy moderno, de paredes grises. Sin embargo, los acontecimientos, lejos de nuestra voluntad, suceden como les da la gana.

Primera fase: la ilusión. Era mi oportunidad, iba a ser la redactora de verdad, iba a tener un despacho, un horario de trabajo, unos compañeros más o menos encantadores... Así que, muy convencida de que iba a ser yo la sustituta, porque, ¿quién iba a serlo si no?, me puse hiperguapa y me dirigí a la revista.

- ¡Hola, Nora! Ya suponía que vendrías... está siendo todo un lío... Siéntate, por favor. me dijo mi jefe nada más entrar en su despacho mientras movía como muy atareado papeles de un lado a otro de la mesa.

- He sabido lo de Belén y, claro, ahora...

- Sí, sí, sí, es todo un desastre. Debió avisar con más antelación. Estas cosas no están bien... no están bien... seguía hablando muy ajetreado Pero no te preocupes, Nora, que en una semana se incorpora la nueva redactora y ella ya te irá diciendo lo que tienes que hacer.

¿La nueva qué? ¿Pero es que nadie ha pensado en mí? Llevo trabajando en la sombra de esta maldita empresa ya dos años y al estúpido de mi jefe no se le ha ocurrido que quizá soy la más indicada para el puesto.

- De todas formas continuó iba a llamarte porque esta semana no podemos estar parados. Toma, aquí dejó Belén los nuevos contenidos, ve trabajando en ellos esta semana mientras se incorpora la nueva redactora. Sé que es mucho trabajo para una sola, pero entre todos tenemos que sostener esta empresa, ¿no?

Segunda fase: nudo en la garganta. No pude ni contestar. Medio asentí con la cabeza, me levanté y me fui. Sé que hubiera estado muy bien mandarlo a freír espárragos, pero no todas las personas podemos permitirnos la dignidad. Es muy triste, pero es un lujo social en estos tiempos de crisis.

Llegué a casa y se inició la tercera fase: la depresión. Qué mierda de trabajo. Qué mierda de vida. El hermano de Yus ha muerto. La vida no tiene sentido. Lucas no me ha llamado. ¿Qué va a ser de mí? ¿Por qué? ¿Por qué tengo tan mala suerte? Me he tirado toda la semana sin apenas poder respirar trabajando para un imbécil, cobrando lo mismo y sin esperanzas de cambiar mi situación. Joder. ¿Por qué?

Y cuando ya estaba relajada diciéndome a mí misma "Nora, ya es domingo, mañana empieza nueva semana, ya está" va y suena el timbre. Era Lucas. Llevaba tantos días trabajando en casa sin salir que ni me había duchado. Estupendo. El amor de mi vida tras la puerta y yo oliendo a rosas. Ahora a ver qué demonios hago...

Mi gato Leo ha decidido por mí. Se ha acostado encima de la minicadena y ha empezado a sonar la música. Si iba a hacerme una de "no estoy en casa" ya me puedo olvidar...

Al menos la canción es bastante graciosa...





lunes, 27 de abril de 2015

18. Entre pitos y flautas

Hace ya tres días que no sé nada de Lucas. Dijo que hablaríamos cuando volviese, pero el problema es que no dijo cuándo volvería; porque, claro, él funciona así. Es de esa clase de tíos que no concretan absolutamente nada porque prefieren desquiciarnos. Y es un asco. Es que creo que no hay nada más horrible que la incertidumbre. Es una sensación la mar de molesta. Es como si alguien estuviera dando continuamente cuerda a tu cerebro y no pudieras dejar de pensar. Desde luego, va a volverme loca.

Encima este fin de semana ha sido de lo más solitario. Me hubiera gustado llamar a Yus, pero la muerte de su hermano está muy reciente y no quería molestarla con mis estupideces. Además, tampoco sé muy bien cómo actuar en estos casos. Es súper jodido saber qué decirle a alguien con un problema de verdad, porque si fuera una chorrada, pues, bueno, está el típico "todo se solucionará", pero cuando ya ha muerto alguien pues... creo que no hay nada que decir. La verdad es que no tiene solución.

Lip está encantadísimo con su nuevo amor y está muy perdido últimamente. Podría haber llamado a Marta o a Jon, pero no me apetecía una noche loca de juerga desenfadada, más bien quería la triste barra de un pub cualquiera con una o dos copas de más. Es que ¡uf! Jon y Marta son de beber a lo alegre, yo soy más bien de emborracharme a lo melancólico. Ellos adoran su soltería, les encantan sus vidas. Mientras tanto, yo envidio cómo Marta deja a los hombres con esos ardides y ese descaro tan atractivo que parece decir "en qué momento has podido soñar tener algo más conmigo, cielo"; porque Marta usa mucho eso de 'cielo'. Le queda muy bien, sabe cómo decirlo. Seguro que si lo dijera yo sonaría, cuando menos, rarísimo.

Pero bueno, mi gato Leo y la televisión han sido estos días mi grandes compañeros. La verdad es que me busco mis mañas para no pasarlo tan mal sola. A veces me imagino que soy una reina sentada en mi sillón y los personajes de la tele son mis bufones reales. Sentada en mi trono, acaricio suavemente a Leo mientras estos bufones a mi servicio dicen estupideces y hacen el ridículo para mi deleite y entretenimiento personal. Sinceramente, me lo tomo así porque es mucho mejor que pensar que todos esos cantamañanas que no tienen ni puta idea de nada pueden cobrar en un par de días lo que yo en un mes.

En fin, creo que la imaginación es mi único consuelo. Menos mal que todavía puedo soñar. La vida es una gran orquesta donde todos tenemos nuestro sitio, pero el mío es al fondo del todo haciendo de vez en cuando tilín con el triángulo. Como veis, no soy muy importante... La vida es una gran orquesta, y yo estoy muy perdida entre pitos y flautas...

Siempre me quedará la música. El show debe continuar.


lunes, 20 de abril de 2015

17. Los dos trozos de silicona

Me desperté en la cama de Lucas sin Lucas. Una nota le sustituía:

He salido temprano al aeropuerto, olvidé decirte que tenía la presentación de un proyecto de la empresa fuera del país. No te agobies. He ido a trabajar, no a comprar tabaco, volveré. Hablamos cuando venga.  
Por cierto, puedes desayunar si quieres y si encuentras algo por la cocina. No he vuelto a ir al supermercado desde el día que nos encontramos allí. Soy un desastre.  
Hasta pronto.

Venga ya. Maldito imbécil. “No te agobies” me dice el muy idiota… “que no se ha ido a comprar tabaco” dice… No, pero esto es mucho peor, ¡se ha cogido un avión! Yo había oído eso de “oye, he bajado un momento”; pero eso de “me he ido temprano a coger un avión” suena aún más a “he huido pero bien lejos”. No sé. No es una cosa que me pase con frecuencia esto de que me acueste con un hombre y me deje una nota diciendo que se ha ido al aeropuerto.

En fin, la casa estaba muy vacía, se ve que todavía no se había instalado del todo, y la verdad yo me sentí terriblemente sola, así que me marché. Lo bueno es que como se había mudado a mi barrio solo vivía a unos diez minutos andando de mi casa, así que no tuve que coger ningún taxi ni autobús ni nada. En el camino paré en la confitería para comprarme algo de desayunar. Me apetecía una enorme palmera de chocolate, una bien bien grande que rellenara todo el vacío que me había dejado al marcharse.

Nada más entrar pregunté quién era el último y una chica despampanante dijo, tímida y feminísimamente, “yo”. Era una tía… ¿cómo decirlo? Asquerosamente guapa, de estas que parece que ni se tiran pedos ni cagan. Sobre todo no pude evitar fijar toda mi atención en sus senos flotantes. Sí, sí, flotantes. Flotaban en el aire sin ningún tipo de sostén que luchara por ellos contra la gravedad. Vamos, lo que cualquiera calificaría de firmes y turgentes. Para mí es una situación de lo más horrible. Es como si vas en un Seat Ibiza de tres puertas del 98 y de repente se te pone al lado en el semáforo, no sé, el último Mercedes-Benz Clase A. Un cochazo vaya. Pues no hay color. Para el pobre Ibiza la comparación es muy deprimente.

Entre que el tío con el que me había acostado la noche anterior había salido del país en un avión y que tenía justo al lado a la tía con la que todo el mundo me gastaría la broma del antes y el después (no cabe duda de que yo sería el antes), tenía que distraer mi mente y pensar en otra cosa. Puede que os parezca absurdo lo que voy a deciros, pero a mí me parece de lo más interesante. A ver, ya que no paraba de mirarle las peras, se me ocurrió que qué pasaría cuando esa chica tuviera 80 años.

¿Alguien ha visto alguna vez a una vieja con las tetas de silicona? De hecho cada vez tenemos más esperanza de vida, puede que esta tía llegue a los 100 años con esas tetazas. Yo empecé a imaginármela y me produjo un estupor que pa’ qué. No sé, piénsalo. Toda arrugada hecha una pasa y de pronto dos pedazo de tetas ahí bien firmes. Da miedo. Pero es que luego está la cosa de cuando se muere… porque, claro, ¿los gusanos se comerán también las tetas estas ficticias o dentro de millones de años otra especie encontrará las tumbas vacías con dos trozos de silicona? Van a pensar que adorábamos a la silicona o algo así…

- ¿Qué quiere? –interrumpió mis reflexiones la dependienta.

Me había abstraído tanto en mis pensamientos que la del pechamen se había ido y no me había dado ni cuenta. Me pedí mi enorme palmera y me fui a casa. A penas estaba cruzando la puerta cuando mi gatito Leo empezó a ronronear. Estaba esperándome, como siempre, porque él siempre me espera. Al final me he comprado la palmera y me he tragado las dos súper tetas para nada. Él ha conseguido rellenar ese vacío en menos de un segundo. 

¡Jolín! Esta tarde tengo que terminar unos textos para mi trabajo... con lo mal que me pagan y siempre con prisas... En fin, yo primero voy a alegrarme un poco el día cantando una de mis canciones favoritas de los 80. Al principio es un poco lenta, pero sobre el minuto y veintisiete más o menos pega un subidón que es la leche. Probadla. 


jueves, 16 de abril de 2015

16. No decía palabras

Después de dar vueltas, vueltas y más vueltas, creo que al final decidí ponerme un vestido. Y digo creo porque cuando Lucas llamó al timbre todavía no estaba cien por cien segura de querer bajar así; pero ya era demasiado tarde y mi ropa estaba ya demasiado desorganizada como para ponerme a buscar otra vestimenta. Así que bajé con el típico vestido que pide a gritos “enamórate de mí”. Al menos, boquiabierto se quedó.

- Vaya, ¿te has arreglado mucho para la ocasión, no?

Porque Lucas no es de esos tíos que te dicen que vas guapa, sino que es de esos que te hacen saber que saben que te has tirado horas arreglándote para ellos. Es un creído. Y yo una orgullosa.

- Verás, es que he quedado después para tomar una copa con un amigo. ¿No te importa, verdad? Me llamó justo después de hablar contigo y me daba apuro darte plantón. No es mi estilo, ya lo sabes. –dije haciéndome la digna.

- Ningún problema. Cuando tengas que irte te dejaré donde me pidas. –contestó mientras me abría la puerta del coche.

¿Por qué narices me habré inventado esa bola? ¡Qué estúpida soy! Si tenía alguna oportunidad de pasar la noche con él, ya la he perdido. ¡Uf! La culpa es de él, que es un capullo. No puedo dejar que me vea débil. He hecho bien. He hecho bien. Así se picará y querrá verme otro día.

Al fin llegamos a mi sorpresa. Era un restaurante japonés. La verdad es que me gusta bastante la comida japonesa y él lo sabía. El caso es que no era un restaurante de sushi cualquiera, sino que era el más famoso de la ciudad. Es un sitio de esos que miras con deseo al pasar preguntándote cómo será la gente que lo frecuenta, hasta que un día tú eres uno de ellos. La verdad es que era un lugar de lo más romántico. Tiene dos zonas, una interior y otra exterior. En la exterior las mesas están en un super jardín escondidas entre setos y árboles, lo que te da una intimidad tremenda. Una de esas mesas fue la que reservó Lucas.

- Te hubiera llamado antes, pero quería esta mesa y solo la tenían disponible hoy. –me dijo nada más sentarnos.

A mí se me derritió el corazón. Notaba cómo se me deshacía y se deslizaba por todo mi cuerpo. Joder. Yo esperando estos días que me llamara pensando lo peor y resulta que quería traerme al lugar más precioso del mundo. Nora, no, no y no. Podía haberte llamado aunque fuera para charlar un poco o al menos decirte sus intenciones de verte, pero no lo hizo. No te ablandes Nora.

- Sé que podría haberte llamado antes aunque fuera para hablar un rato, pero no hubieras pillado esta cita con tantas ganas, ¿verdad? –añadió.

¿En serio me ha leído el pensamiento? Lo que os decía, es demasiado listo, se las sabe todas. Seguro que piensa que estoy alucinando con este magnífico lugar que me incita a decirle “haz conmigo lo que quieras” y ahora mismo su ego está por los cielos, pero yo voy a encargarme de bajarle esos humos.

- Pues no es para tanto. He estado…

- ¿Qué demonios te has hecho en el brazo? –me interrumpió señalándome el cardenal.

Me cago en la leche. Tengo que pensar algo rápido. No puedo decirle que me lo hice porque soy una histérica y pensaba que me iba a comer una cucaracha.

- ¿Este moratón? Pues… verás… yo estaba… patinando y… se cruzó un perro… y me di contra una farola.

- ¿Patinando? Odias los patines. Te dan un miedo terrible.

- Me daban, ya no. Te has perdido muchas cosas de mi vida tesoro… ¿O qué? ¿Crees que me lo he hecho huyendo de una cucaracha o qué?

- Lo veo bastante más probable. –contestó con su típica sonrisilla.

Negra. Me pone negra. Y también cachonda. Será capullo. Como siga en este plan de tío hiper seductor voy a acabar desnudándome encima de la mesa o clavándole un palillo chino en el ojo. Por algún sitio tengo que desahogarme.

Al final de la cena me preguntó dónde había quedado con mi amigo para acercarme con el coche. Jo, no podía decirle que me llevase cerca de mi casa porque se iba a notar un huevo la mentira. Si yo lo que quería era estar con él toda la noche y, si me aprietas, toda la vida… ¿para qué me habría hecho la digna? Pero ya no podía quedar tan mal, así que le pedí que me llevara un pub donde había quedado supuestamente con el otro chico.

- Bueno, espero que lo pases bien con él. –me dijo con una sonrisa en los labios que me atravesó la garganta.

- Seguro que sí, no te preocupes tanto por mí. –le respondí y cerré la puerta.

Ver su coche doblar la esquina y desaparecer fue la imagen más triste y desoladora que había visto en mucho tiempo. La intensa sensación de vacío y abandono que sentí era indescriptible. Tenía ganas de gritar, de gritarle que volviera, de decirle que estaba loca por él y que no se volviera a ir nunca más… pero ya estaba hecho.

Encendí un cigarrillo y comencé a caminar en dirección a la parada de taxi. Encima la broma me iba a costar lo menos diez pavos. Joder. Vaya tela. Nada más cruzar la calle me pita un coche.

- Estas horas son malísimas para ver desparecer al amor de tu vida, ¿no crees? Los cables se te cruzan, te pasas con el alcohol y acabas en la cama suplicando el cariño de cualquier desconocido.
Era Lucas. En ese momento tenía miles de sentimientos diferentes: sorpresa, alegría, humillación, ganas de matarlo por la razón que tenía, ganas de tirármelo por lo sexy que me resultaba en el fondo eso…

- ¿Vas a subir o no? Sé que no has quedado con nadie. Mira, si no quieres que hagamos nada te llevaré a casa y punto. No tires el dinero en un taxi. Déjame llevarte.

- Sí había quedado, lo que ocurre es que se ha puesto enfermo. Acababa de llamarme. –dije lo más dignamente posible mientras subía al coche.

- Me gustas. –dijo nada más cerrar yo la puerta y comenzó a conducir– Siempre me has gustado. Lo que hice hace seis años fue una estupidez, éramos unos críos aún… Pero desde que te vi en el supermercado no he dejado de pensar en acostarme contigo. Lo pienso a todas horas. Y sé que tú también. Noto cómo tiemblas cuando me acerco. He sabido toda la noche que lo de tu amigo era mentira. Sé perfectamente cuándo mientes, Nora. Lo nuestro fue muy intenso, ¿te acuerdas?

Yo no podía ni hablar. Estaba de los nervios. Menos mal que me estaba diciendo todo eso mientras conducía, porque si me lo dice frente a frente mirándome a la cara, que es muy capaz, os juro que me desmayo.

- Voy dirección a mi casa. –añadió– Si no quieres venir, solo tienes que decirme que no antes de que lleguemos y te dejaré en la tuya. ¿Tienes algo que decir?

Y no dije palabras, porque el deseo es una pregunta cuya respuesta no existe*.

En su coche sonaba "Try a little tenderness". En la música es muy como yo.


*Referencia al poema de Luis Cernuda, “No decía palabras”.

Premio BLACK WOLF BLOGGER AWARD


¡Jolín! Yo no sabía que existían estas cosas... Me he emocionado profundamente al saber que alguien me había nominado a un premio. Y es que, como tengo el blog desde hace bastante poco, no esperaba que nadie quisiera darme un lobo-nobel de escritura, y más a mí, que nunca me toca nada. Dejé de comprar huevos Kinder porque siempre me salía alguno defectuoso y no llevaba premio dentro... ¡Pues fijaos la alegría que me supone ganar este BLACK WOLF BLOGGER!

La verdad es que acabo de saber que existía esta iniciativa y creo que es una buena forma de reconocer a las personas que escribimos nuestro trabajo y, también, es un buen modo de ayudarnos entre nosotros para darnos a conocer. Agradezco enormemente a El escritorio del búho el haber pensado en mí y haberme otorgado este regalo simbólico. A su vez, a mí me gustaría también nominar a varios blogs a este estupendo lobo-nobel de escritura:

El abismo del poeta sin corazón

Libros, plumas y té

A través del espejo

Una chica que lee


NORMAS DEL PREMIO
1. Debes publicar la imagen del BLACK WOLF BLOGGER AWARD en tu blog y explicar cómo te has sentido al recibir este simbólico premio.
2. Debes nominar a otros blogs que te gusten y hacérselo saber.


lunes, 13 de abril de 2015

15. La cucaracha

La reacción inmediata al avistamiento de una cucaracha es la inmovilidad. En ese momento se crea una tensión tremenda entre el insecto y nosotros, que nos quedamos muy muy quietos esperando que este se volatilice o desaparezca solo. Porque, claro, no creo que estemos esperando a que se vaya caminando, pues basta que el bicho se disponga a dar un paso en la dirección que sea, que nosotros saltamos del suelo como si este estuviera en llamas.

Y así acabé encima del sillón replanteándome seriamente un par de cosas, como la supremacía del ser humano, por ejemplo. Ante todo, he de decir que la cucaracha era enorme. Ni siquiera me explicaba cómo podía caber en mi minúsculo apartamento. Se trataba de un tipo excepcional de cucaracha, era del tipo más grande del mundo. Para colmo, no tenía fli-flí para matarla, tenía forzosamente que aplastarla para acabar con ella y eso me daba un asco terrible.

Durante un par de minutos estuvimos las dos paralizadas y yo la miraba recordando a Gregorio Samsa. No sé si lo conoceréis. Es el protagonista del libro “La metamorfosis”, de Kafka. El caso es que el tío ese se despierta una mañana convertido en una especie escarabajo o cucaracha y la historia nos cuenta cómo es tratado por los demás después de sufrir este cambio. Da para pensar la cosa… La verdad es que me daba pena la pobre cucaracha. Ni siquiera sé por qué la odio. Yo le caía mal a una de mi clase en el instituto y no le había hecho nada. Además, ella misma decía que no sabía por qué, que porque sí y punto.

A veces me paro a pensar qué sienten las cucarachas al ser ahogadas por los gases de nuestros insecticidas o al ser aplastadas por nuestros zapatos. El problema es que cuando veo a una todo esto se me olvida y solo quiero que muera y se extinga toda su asquerosa especie. ¡Joder! Encima el teléfono está en el escritorio y está sonando. Podría ser Lucas. “Y la cucaracha esta también podría comerme si piso el suelo… Vale, Nora, céntrate. ¿En serio una cucaracha va a quitarte a tu hombre?”, me dije a mí misma demostrándome que, además de haber perdido la dignidad, también había perdido la cabeza.

Con el susto que tenía en el cuerpo, fui tan rápida a por el móvil que acabé resbalándome y cayendo al suelo. Me di tal golpe contra la mesa que ahora llevo un artístico moratón en el brazo con todas sus tonalidades y todos sus matices. La cucaracha se asustó y salió por debajo de la puerta del piso. Tengo que poner algo para tapar ese maldito hueco entre suelo y la puerta. En fin, por lo menos cogí el teléfono. Y además era Lucas. Esta noche hemos quedado para cenar.

Leo sigue durmiendo como si nada. Este gato solo se despierta para comer y cagar. Yo estoy hiper feliz. Dice que va a invitarme a cenar en un sitio sorpresa. No sé qué ponerme. Si supiera dónde voy… pero, ¿qué se pone una para ir a una sorpresa? Voy a ponerme algo de música para inspirarme. Quand il me prend dans se bras, il me parle tout bas, je voix la vie en rose...


domingo, 12 de abril de 2015

14. La mala noticia

El hermano pequeño de Yus ha muerto repentinamente. Muerte súbita lo llaman. Hay que ver cómo es esto... Nos pasamos la vida esperando que nos llegue el momento de morir y siempre nos acaba pillando por sorpresa.

Se llamaba Nicolás, pero todos le decían Nico. Cuando iba al instituto con Yus y me pasaba las tardes en su casa Nico siempre nos espiaba esperando escuchar algo sorprendente, pero creo que le decepcionamos. Él esperaba oír qué opinábamos de los hombres o quizá enterarse de si nos gustaba algún chico, pero la mayoría de las veces quedábamos para estudiar de verdad porque lo cierto es que éramos bastante empollonas. Al final, para integrarse con nosotras siempre venía fingiendo que no entendía algo para que Yus o yo se lo explicásemos.

- ¡Nico, eres un pesado! ¡Pregúntale a mamá! –le decía casi siempre Yus.

- ¡Pues le voy a decir a todo el mundo que te llamas María Jesús!

Entonces Yus le hacía un hueco en la mesa y yo hacía esfuerzos por no sonreír. Solamente Ben y yo sabemos que Yus se llama María Jesús. Yo creo que puede que Lip y Marta ya se lo hayan imaginado, aunque Jon seguro que ni lo ha pensado. El caso es que Yus y su hermano fueron el perro y el gato durante años hasta que conforme iban creciendo iban siendo inseparables. Además, Nico también estudió enfermería y trabajaba con Yus en el hospital, por lo que se veían todos los días. Y encima Yus últimamente estaba emocionadísima con él porque el próximo fin de semana Nico iba a presentarnos por primera vez a una chica.

Todo se ha ido al garete. Tus planes se joden porque la vida te impone los suyos. Estas situaciones me superan, de verdad. Es como si todo perdiera el sentido. Estoy aquí en el velatorio mirando fijamente el cuerpo de Nico y no le veo. No es él. Ese será el cuerpo que vestía, pero no es él. Ya no es él. Es piel vacía.

Nosotros no somos el cuerpo. No somos los ojos; más bien somos la lágrima que sale de ellos, el fruncido del ceño o la manera en que los guiñamos al reír. Nosotros no somos la boca; somos las sonrisas, las palabras, lo suspiros. Por supuesto, no somos los brazos, ni los dedos, ni las manos; somos los abrazos, los gestos, las caricias. Nosotros no somos las piernas, ni tampoco los pies; sino el camino andado, sino las huellas que dejamos en los demás.

13. El domingo

Leo me ha salido dormilón. Este gatito se pasa el día enroscado entre sueños. Cómo lo envidio... con lo que a mí me cuesta dormir... Me paso las noches luchando contra mi consciencia. Quiero dormir, pero mis pensamientos no se detienen y entro en un estado en el que no estoy al final ni dormida ni despierta, simplemente estoy jodida. Mi cabeza sigue pensando incluso durmiendo. Es horrible.

¡Uf! Qué deprimida estoy hoy... La gente suele odiar los lunes, pero yo odio los domingos. El domingo es la agonía que precede al lunes, es el corredor de la muerte, es el día perdido, es la más absoluta desesperación. El domingo es el día en que las personas se dan cuenta de lo solas que están en realidad.

Odio profundamente los domingos. Leo duerme e ignora el mundo. Yo lo miro y lo admiro y deseo su inocencia, pero mi actividad cerebral es un tren sin frenos, no puedo dejar de pensar. Me siento sola, muy sola. Miro la televisión y el mundo me asquea. No sé qué demonios me pasa. No sé si soy yo o son estos programas de mierda. Últimamente lo veo todo falsísimo. Es como si solo viera esqueletos egoístas gesticulando, a personas que hablan enérgicamente de asuntos vanos y estúpidos y que fingen que nunca defecan ni mueren. Gente que se piensa que todo en la vida es la moda, la fama y el dinero. Qué asco. Encima discuten sin ton ni son y se creen que son el centro del mundo, como si tuvieran alguna importancia, como si no fueran a ser el día de mañana el mismo abono para la tierra que tú o yo.

Apago la tele. Suspiro como si estuviera deshaciéndome del peso de la vida por la boca. Lucas no me ha llamado. Tengo unas ganas terribles de verlo, pero no puedo ir de nuevo detrás de él. Esta vez no. Esta vez tiene que ser él. El teléfono suena. En menos de un segundo me ilusiono, sonrío, pego un salto y corro a cogerlo como si mi vida dependiera de ello. No es Lucas. Es Ben, el novio de Yus. Parece que hay malas noticias.

sábado, 11 de abril de 2015

12. Elegir o no elegir, esa es la cuestión

Hay dos tipos de gente en el mundo: la que puede elegir y la que no. Están aquellos que eligen a sus amigos del instituto, a su pareja, el confort de su sofá y, con esto de la genética a la carta, hasta el color de los ojos de sus hijos. Luego están las personas como yo que nunca han podido elegir nada en la vida: ni el grupo guay del insti, ni al chico más buenorro, y el sofá de mi minipiso es una auténtica mierda y, por supuesto, si no tengo ni pareja ni dinero para tener un hijo, mucho menos para replantearme su color de ojos o pelo.

Total que soy de las que no eligen y me he hartado. Ahora que voy a adoptar un gatito, voy a elegir yo hasta el último detalle. Bueno, gatita, debe ser una hembra porque la quiero llamar Vainilla. Quiero que sea de esas así en tonos naranja, con el pelo ni muy corto ni muy largo y con los ojos azules. Vamos, una gata de anuncio y categoría.

Como siempre, una se da de bruces contra la realidad. No me puedo creer que la gente pida dinero por un gato. ¡Encima que voy a cuidarlo! He visto un anuncio de unos persas que vendían por 800 euros. Yo no sabía que existía el tráfico de gatos persas. Creo que la policía debería investigar estas cosas como investiga a las bandas de coca o algo. En serio, ¿soy yo o es que a nadie más le parece esto tremendo?

Lo que más me fastidia es que luego hay otros individuos que venden sus gatos, al parecer que no tienen ni raza ni marca o yo qué sé, por unos 60 u 80 euros. ¿Pero qué me estás contando? ¿Por qué vale más un gato que otro? Es como si una persona rubia tuviese más valor que una morena. ¿Acaso tu gato, sea como sea, no es para ti el mejor del mundo? Todos los gatos son el futuro mejor gato del mundo para alguien. Así que veo ridículo que se pague más por uno que por otros. ¡Bah! Viendo estas cosas en el Google a cualquiera se le quitan las ganas de buscar.

En fin, la cosa es que de nuevo no puedo elegir. ¡Maldita sea! Encima no me queda tabaco. Me pongo lo que sea y bajo al estanco. De camino veo un cartel en el veterinario del barrio que dice que tienen gatitos en adopción.

- Hola, ¿los gatitos son gratis? –pregunté nada más entrar.

- Por supuesto, además te regalamos la primera vacuna por la adopción. Puedes echarles un vistazo y elegir el que quieras.

“Elegir el que quiera”. Eso me gustó. Había cuatro gatitos enanísimos en la caja. ¡Qué ternura! Había uno naranjita como yo quería, sin embargo, cuando los tenía delante no sabía a cuál escoger. Me sentía como una criminal llevándome a uno y abandonando a los demás, pero no podía hacerme cargo de todos…

- ¿El naranja es hembra?

- No. De hecho, todos son hembra menos el naranja y el negro. Pero bueno, tienes tres hembras para escoger.

- ¿El negro? En la caja solo hay cuatro gatos y ninguno es negro. –le contesté extrañada.

El veterinario miró y dijo entre sonrisas:

- Está en tu bota. Como las llevas negras y es tan pequeño casi no se ve. Este es un rebelde. No sé cómo lo hace pero siempre se sale de la caja. Debe subirse encima de sus hermanos y saltar.

Y allí estaba. Una minibola de pelo negra de ojos verdes sentada en mi pie. En ese momento me di cuenta de algo. No se trata de las personas que eligen y no eligen, sino de las que eligen y las que son elegidas. Yo formo parte del segundo grupo, pero soy la mujer más feliz del mundo sintiendo que este gatito negro, en adelante Leonardo, me ha elegido a mí.


Cuando hemos llegamos a casa y lo he dejado en el suelo lo he visto tan pequeñito que hasta mi piso me ha parecido más grande. Le he puesto música para que se vaya acostumbrando al ritmo de mi vida. Parece que le gusta. Va de un lado para otro con sus minipatitas jugando con un coletero que ha encontrado bajo el escritorio. Es graciosísimo. Parece un pequeño leoncito negro.


jueves, 9 de abril de 2015

11. El ring del amor

De verdad. Siempre igual. Hay veces que no sé si existe algún manual que solo venden en librerías secretas para hombres, o si simplemente se trata de sabiduría popular masculina. El caso es que la mayoría de los hombres repite el mismo patrón de conducta. En serio, deben de tener una especie de libro que se titule “Que sea ella la que venga”, “Haz que ella te llame” o “Desespérala, será tuya”. 

Al dejarme en casa Lucas me cogió por el brazo, me aguantó su intensa mirada unos segundos larguísimos y me dijo de tal manera que esperaba volver a verme que sonó al beso que deseaba darme y no me dio. Yo eso me lo tomé como: “yo también me voy a pasar la noche pensando en ti y arrepintiéndome de no haberte besado”. Pero no. Al parecer eso solo me ocurrió a mí. Para colmo, durante las cuatro míseras horas que conseguí dormir tuve un sueño erótico con él de la leche.

Qué estúpida soy. Me enamoró hace años, me dejó por otra y ahora me dice dos chorradas al dejarme en casa y vuelvo a caer. He llegado del trabajo y ni un triste mensaje. Me pongo a beber. Creo que voy demasiado perjudicada. Tengo unas ganas inmensas de llamarlo y decirle que no tengo esperanzas ni ropa interior; pero no, no y no. No volveré a caer. Tengo que ser fuerte.  Hace seis años me dejaste en el suelo del ring. Ganaste el primer asalto cariño, pero el combate lo ganaré yo. Como dice la canción, caigo noqueada en el suelo, pero me vuelvo a levantar, nunca podrás dejarme en el suelo. ¡Buah! ¡Cómo me anima este ritmazo! “I get knocked down, but I get up again, you´re never gonna keep me down…”


miércoles, 8 de abril de 2015

10. Los pormenores de comer una hamburguesa

Cuando vi las perdidas en el móvil sabía que era él. No tenía su número, pero a mí solo me llaman los comerciales, así que tenía que ser él. Le devolví la llamada y quedamos al día siguiente para cenar.

- ¿Dónde te apetece ir a cenar? –me preguntó nada más verme.

- Un burguer estará bien… ¿no?

- Voy a invitarte yo –me contestó sonriéndose y mirándome como si yo hubiera dicho esa opción porque no tenía suficiente pasta para cenar en otro lugar. Ciertamente, era verdad; pero me molestó.

- ¿Trabajabas ahora como comercial, no? ¿Tantas veces te abre la puerta la gente? –añadí en un tono sarcástico.

Él volvió a sonreír y dijo que iríamos a un burguer porque con esto de ser adulto, la elegancia y esas cosas, hacía mil años que no comía una buena hamburguesa. A mí me pareció estupendo. Al menos hasta que caí en los pormenores de comer una hamburguesa: el kétchup, la mostaza y todo tipo de mejunjes que componen ese suculento manjar siempre acaban deslizándose descaradamente por barbilla, dedos, manos, y a mí, algunas veces, hasta me han llegado al codo. Puro erotismo, vaya. En ese momento pasan dos cosas: o el otro está loco y se enamora de ti locamente, o el posible amor se desliza cual salsa de hamburguesa hasta que desaparece.

Cuando vas camino de los treinta, vives sola en un minipiso y llevas años soltera, comer una hamburguesa delante del tío que te gusta es un deporte de riesgo. En estas circunstancias no te la juegas.

- Yo tomaré una ensalada César, por favor –dije al camarero mientras le entregaba la carta.

- ¿No querías ir a un burguer? –me preguntó con esa sonrisilla suya de “sé que te gusto y te pongo nerviosa”.

- En este burguer hacen las mejores ensaladas César de toda la ciudad, la salsa tiene un ingrediente secreto que nadie sabe y que le da un sabor…

- ¿Secreto que nadie sabe? –me repitió riendo esta vez a carcajadas. Se me notaba un huevo que estaba nerviosa.

- Bueno, entonces dices que perdiste tu trabajo, te acabas de divorciar… ¡jo! ¡qué pena! –dije con hipocresía– ¿Cómo ha sido todo?

- Jajaja, peleas duro. Han pasado seis años, ¿no vas a perdonarme?

Le hice una mueca de estas de “¿pero qué dices?” y me quedé totalmente en silencio, que eso desconcierta muchísimo. Él solito prosiguió:

- Sí, me casé con Blanca, me casé con la chica por la que te dejé, si es lo que quieres saber. No quería casarme, de hecho, iba a dejarla… pero se quedó embarazada. La presión de su familia, amigos, de lo que todo el mundo esperaba de mí hizo que en dos meses la boda estuviera organizada y nos estuviésemos dando el “sí quiero” –se detuvo para beber, suspiró y continuó hablando en un tono mucho más triste– Blanca a los cinco meses de embarazo sufrió un aborto natural. Yo me quedé a su lado pese a que la criatura era ya lo único que nos unía, pero ella se dio cuenta y eran todos los días gritos y peleas en las que me reprochaba que no la quería y todo eso… Al final nos divorciamos de mutuo acuerdo.

Yo no sabía qué decir. Había odiado a Blanca durante años por quitarme a Lucas, pero jamás le hubiera deseado esto.

- Lo siento Lucas, lo siento por Blanca, lo siento muchísimo que haya pasado todo eso –conseguí articular.

- No te preocupes. ¿Te acuerdas de Raúl y lo loco que estaba por ella? Pues ahora están juntos. Lo que es la vida. Y yo tengo una buena noticia: he encontrado un trabajo de lo mío y dejo lo de comercial. Tuve ayer la entrevista y hoy mismo me han llamado.

- ¿Al final terminaste Administración de Empresas?

- Sí. Iba a cambiarme, como te dije en su momento, pero al final me quedé… No podía tirar tantos años de estudio por la borda. La verdad que, aunque era la carrera que mis padres querían, al final me ha terminado gustando. La filosofía no me hubiera dado muchas salidas profesionales realmente…

Así que ya nos pasamos toda la cena hablando de trivialidades y comentando qué había sido de otros viejos amigos. Al terminar me llevó a casa porque ambos debíamos madrugar al día siguiente. Cuando ya estaba entrando en el portal me cogió por el brazo, me miró fijamente a los ojos y me dijo:

- Lo siento Nora. Sé que lo hice mal contigo. Lo siento de verdad.

Yo temblaba de los nervios de tenerlo tan cerca, de que me tuviera cogida por el brazo, de que me aguantara la mirada de esa manera.

- Espero verte otro día –añadió.

Y se marchó. Así, sin beso, sin polvo, sin más. Porque, desde luego, él es un experto en dejar las cosas así, todo hecho un berenjenal.

Seguro que si hubiese tenido encendida mi lista de los 60 hubiera sonado "wait, wait a minute Mr. Postman, wait, wait... please, please, Mr. Postman..."


lunes, 6 de abril de 2015

9. Los gritos en el desierto

Cuarenta y ocho horas y el teléfono ni ha sonado ni parece tener intención de hacerlo. Marta me envía un mensaje y me dice que me relaje, que solo han pasado dos días. Encima es que la tía lo dice como si fueran “dos míseros días”. Claro, ella dice “dos días” y parece poquísimo, pero son cuarenta y ocho horas con todos sus minutos y segundos… y algunos pasan con una lentitud increíble. Qué ironía, ¿no?, con lo corta que es la vida, lo largo que se puede hacer un solo minuto.

La verdad es que me da rabia que Marta hable de los días como si un día o dos no fueran nada. Todo día, aunque cualquiera, es único. Un día nos parece cualquiera porque se nos antoja que todos los días son iguales, con las mismas horas y rutinas; pero, cada día es único, pues no habrá otro como ese, el tiempo no se recupera. Nadie va a devolverme estas horas junto a este estúpido teléfono silente. Este momento es irrecuperable y lo estoy dejando escapar.

¿Y ahora qué hago? Sé que estoy perdiendo mi día pero no puedo evitarlo. Así somos los humanos, a pesar de que sabemos un puñado de cosas no hacemos ni puto caso. Nunca llegamos a ninguna parte. Estoy perdiendo mi tiempo, que probablemente sea lo más valioso que tengo, y no muevo un dedo para evitarlo. Mi mirada está fija en el teléfono. 

¡Jolín! El muy cerdo estaba igual de guapo que siempre. Con esa mirada intensa, esa sonrisa juguetona y esos brazos que parecen estar hechos para abrazar mujeres… Me pregunto cómo me habrá visto él a mí después de todos estos años. Quizá nunca me llame y solo lo dijo por terminar el repentino encuentro de una manera cordial…

¡Uf! Tengo que dejar de darle vueltas a la cabeza. Voy a buscar gatos por internet que aún no me he puesto a buscar. Bueno, mejor me pongo música y limpio esta pocilga que así estaré bastante más entretenida…

Lucas, no me llamas. Te odio. Como dice esta canción, “estas botas están hechas para caminar, y eso es simplemente lo que harán, uno de estos días, estas botas van a caminar sobre ti…”


Y mientras yo cantaba enérgicamente, y a todo volumen, cómo iba a caminar sobre su cabeza, el teléfono sonó y sonó como quien grita en el desierto.

domingo, 5 de abril de 2015

8. Las profesiones prohibidas de Marta

Han pasado ya veinticuatro horas y Lucas no me ha llamado aún para ese café. Marta dice que no es tan grave, que solo ha pasado un día… Para mí han sido veinticuatro intensas horas de espera y ya, prácticamente, desesperación.

- ¡Jo, Nor! ¡No fumes otra vez! –habló Yus, la voz de mi conciencia.

- Estoy nerviosa, ¿vale?

Yus siempre me dice que fumar me matará lenta y dolorosamente. Yo siempre le contesto que la vida ya es una muerte lenta y dolorosa. Marta también fuma, así que ella en ese aspecto me entiende.

- Te llamará –dijo Marta con bastante seguridad– Acaba de divorciarse, tiene un trabajo deprimente y vive solo. Te llamará.

- ¿Tú crees? Encima es que yo no tengo su teléfono para cometer la estúpida locura de llamarlo como una desesperada…

- ¿Pero tú te estás oyendo? –añadió de nuevo “Pepitogrillo”– ¿De verdad quieres volver a salir con el tío que te dejó por otra y que probablemente se casó con ella? Deberías disfrutar de que le haya ido como el culo y pasar de él.

- Yus, tú no lo entiendes porque…

- ¿Es que nadie ha pensado que trabaja de comercial? interrumpió Marta– Sí, la dejó y todo ese rollo, pero de eso hace ya seis años. Lo importante es que a-ho-ra es co-mer-cial –y dijo esto último casi deletreando– ¿Vas a salir con un comercial? Yo ni siquiera pensaba que los comerciales tuvieran una vida… no sé, los consideraba algo así como robots… El caso es que es una de esas profesiones prohibidas.

Yus y yo la miramos como diciendo “¿qué?”. Ella dio un sorbo a su batido de chocolate, pegó una calada a su cigarrillo y continuó:

- ¡Venga ya! ¡No me miréis así! Sabéis que hay profesiones prohibidas, ¿no? A ver, yo nunca saldría ni con un psiquiatra ni con un ginecólogo ni con un comercial. Los motivos están claros, ¿no?

- Entonces, según tú, ¿esas personas no tienen derecho al amor? –contestó Yus con voz irónica.

- Sí, pero, Dios los crea y ellos se juntan. Que se hagan parejas entre ellos…

Yus la miró escéptica. Yo no pude aguantarme la risa. No me sirvió de nada su discurso porque sigo esperando locamente la llamada de Lucas, pero, al menos, me reí como hacía tiempo que no me reía. 

Cuando llegué a casa decidí relajarme en la bañera y continuar la alegría con un poco de música. Así que, mientras me depilaba para estar preparada al amor, canturreaba: lollipop, lollipop, oh lolli lolli lolli...